Horno
latín furnus. Espacio cerrado de fábrica redonda y abovedada donde se produce calor y sirve para cocer o tostar algunas cosas. En los tiempos bíblicos se construía de arcilla, el fuego se hacía con paja, leña o estiércol, para hacer el pan y preparar alimentos, Lv 2, 4; 7, 9; 26, 26; Os 7, 4. Igualmente se construían hornos para cocer las piezas de alfarería, Si 27, 5; para la fundición de metales, Pr 17, 3; 27, 21; Si 31, 26; 43, 4; Ez 22, 18.
En el libro de Daniel se cuenta que estando éste con sus compañeros, Ananías o Sadrak, Misael o Mesak y Azarías o Abed Negó, en Babilonia al servicio del rey Nabucodonosor, el soberano se hizo una estatua de oro, ante la cual debían postrarse y adorarla todos los súbditos del reino, so pena de ser arrojados en un h. ardiente. Los judíos, fieles a Dios y a la Ley, no acataron la orden y fueron denunciados ante Nabucodonosor por los caldeos. Los tres compañeros de Daniel fueron arrojados en el h., “Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, empujó fuera del horno la llama del fuego y les sopló en medio del horno, como un frescor de brisa y de rocío, de suerte que el fuego no los tocó siquiera ni les causó dolor ni molestia”, Dn 3, 1-50. Los tres jóvenes, entonces, entonaron un cántico de glorificación a Dios, dentro del h., Dn 3, 51-90. Nabucodonosor mandó salir del horno a los tres jóvenes y bendijo a Yahvéh, pues ellos prefirieron arriesgar sus vidas a adorar a otro dios que no fuera el suyo. El soberano hizo prosperar a Sadrak, Mesak y Abed Negó en la provincia de Babilonia.
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