Holocausto
griego holos, todo, kaustos, quemado. Ofrenda ritual en la que se sacrificaban animales, corderos y becerros, ganado vacuno, aves, que luego eran quemados en el altar. El primer sacrificio de animales en las Escrituras es de Abel, oblación de los primogénitos de su rebaño a Yahvéh, Gn 4, 4. Noé, tras el diluvio, construyó un altar y ofreció el h. de varios animales puros a Yahvéh, Gn 8, 20. Después que Abraham fue probado en su fe, cuando Yahvéh le pidió el sacrificio de su hijo Isaac, ofreció el h. de un carnero que encontró, en lugar del hijo, Gn 22, 13.
Moisés le pidió al faraón que dejara salir a su pueblo junto con ganado para ofrecer sacrificios a Yahvéh, Ex 10, 25.
El h. es entonces, uno de los ritos más antiguos e importantes de Israel, y se debían ofrecer animales machos sin defecto, de por lo menos siete días de nacidos. El animal se degollaba y se derramaba la sangre alrededor del altar, se lavaban con agua las entrañas y las patas, y se quemaba todo en el altar; si el h. era de aves, se le quitaba la cabeza, luego el buche y las plumas, que se desechaban, se exprimía la sangre contra la pared del altar, y se quemaba todo, Lv 1, 1-17.
El h. debía ofrecerse diariamente uno por la mañana y otro por la tarde; en las festividades de Israel se ofrecían holocaustos en mayor número, Nm 28; 29. Igualmente, en ocasiones especiales se ofrecían holocaustos, como para las purificaciones: de la mujer después del parto, Lv 12, 6-8; de los leprosos, Lv 14, 10-31; del hombre y la mujer que padezcan flujo, Lv 15, 15-30; del nazireo, Nm 6, 10-21.
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