Hierro
latín ferrum. Es el metal más abundante en la tierra. Reemplazó al bronce en la fabricación de armas y otros instrumentos. Se comenzó a emplear en el Oriente Próximo, en el siglo XIII a. C. En las Escrituras se menciona a Túbal Caín, hijo de Silá, de la descendencia de Caín, como el padre de los forjadores de metales; Caín en algunas lenguas semitas significa forjador. En Canaán los primeros en usar el h. fueron los filisteos, cuando se asentaron allí, ca. 1200 a. C., donde había h. en abundancia, Dt 8, 9. Los israelitas, aún en tiempos del rey Saúl, no trabajaban el hierro, “no había herreros en todo el territorio de Israel”, y debían acudir a los filisteos, “que no hagan los hebreos espada ni lanzas”, decían defendiendo su monopolio, incluso para afilar sus instrumentos de labranza y pagar, y en la guerra contra éstos, para la batalla de Micmás, sólo Saúl y su hijo Jonatán contaban con espada, 1 S 13, 19-22.
El término h. es empleado a menudo figuradamente. Se compara la esclavitud en Egipto con un horno de h., Dt 4, 20; 1 R 8, 51; Jr 11, 4. Por su dureza, en las maldiciones, a continuación del Código Deuteronómico, Yahvéh le dice al pueblo que si no cumple sus mandatos, la tierra se volverá como el h., Dt 28, 23; de Behemot, la bestia del libro de Job, se dice que tiene un esqueleto como h. forjado, Jb 40, 18; Isaías les dice a los israelitas que tienen barrotes de h. por cerviz, tal el endurecimiento y la terquedad de este pueblo, Is 48, 4.
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