Griego
lengua de la familia de las indoeuropeas, introducida en la península Balcánica en el segundo milenio a. C., de la cual se formaron cuatro dialectos en Grecia, el arcadio-chipriota, el dórico, el eólico y el jónico. Del Jónico procede el ático, base del griego clásico, en el cual escribieron las tragedias Esquilo, Eurípides y Sófocles; los diálogos filosóficos, Platón; los discursos, Demóstenes; la historia, Tucídides y Jenofonte. Tanto el g. antiguo como el moderno tienen el mismo alfabeto de veinticuatro letras, de origen fenicio.
En el siglo IV a. C. con la irrupción del Imperio macedónico, bajo Alejandro Magno, quien había sido formado por Aristóteles, inició en el mundo de la época la llamada helenización, de suerte que el griego se volvió la lengua común de los pueblos conquistados y en el contacto con otras lenguas cambió, dando como resultado una nueva forma, la koiné, que impuso en los territorios de influencia griega. La Septuaginta o versión de los Setenta, una traducción del A. T. al g., para uso de los judíos que vivían fuera de Palestina y hablaban esta lengua. La koiné fue la lengua de los cuatro Evangelios, con influencias semitas; el apóstol Pablo la conocía y escribía en esta lengua. La inscripción que hizo poner Pilato en la cruz, “Jesús el Nazareno, el rey de los judíos”, estaba escrita en hebreo, latín y g., Jn 19, 20.
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