Fruto
latín fructus. Producto de los vegetales que sigue a la flor y contiene la semilla, como se lee en Gn 1, 11-12 y 29. En general, con este término se designan las producciones de la tierra, Gn 4, 3; Ex 34, 26; desde el desierto de Parán, Moisés mandó exploradores a la tierra de Canaán, los cuales, al regreso, le rindieron un informe sobre los frutos que producía, Nm 13, 25-27; Dt 1, 25. Figuradamente, el resultado o consecuencia de algo. El Bautista exhorta a dar frutos de conversión, pues todo árbol que no de buen f. será cortado y echado al fuego, Lc 3, 8. “Todo árbol bueno da frutos buenos, pero al árbol malo da frutos malos”, Mt 7, 15-20, dice Cristo para indicar que al hombre se le conoce por sus obras, cuando habla de los falsos profetas. En la parábola de la vid verdadera, Jesús dice a sus discípulos: “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”, Jn 15, 1-5. El apóstol Pablo dice que, al contrario de las obras de la carne, “el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, modestia, dominio de sí”, Ga 5, 19-25.
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