Elección
latín eligere. La historia del pueblo de Israel es la historia de la e. Esta idea domina los libros del A. T., y se emplean varios verbos con este sentido, como tomar, apartar, entresacar, preferir. Desde la creación comienza a desarrollarse, cuando se dice que “Tomó, pues, Yahvéh Dios al hombre y lo dejó en el jardín de Edén”, Gn 2, 15. Yahvéh, prefirió, es decir, eligió, a Abel, el menor de los hijos de Adán y Eva, por encima del primogénito, Caín, Gn 4, 4. Es la libre y amorosa elección de Dios que dirige la historia, que prefiere a los humildes por sobre las grandezas efímeras de este mundo, lo que se repite a través de las Sagradas Escrituras; Isaac es preferido sobre Israel, Gn 21; a Jacob sobre Esaú, Gn 25, 23; 27. Dios elige al pueblo de Israel, lo separa de las demás naciones que lo rodean, lo hace suyo, su propiedad, Nm 23, 9, un pueblo a él consagrado, Ex 19, 6, y establece con él una Alianza, con la que se sella la elección, la cual se remonta a la época de los patriarcas, Ex 19, 1 ss; Dt 5, 2-3. Esta elección tiene un carácter gratuito, puro amor y bondad de Dios, Dt 7, 6-8; 26, 18-19. Siendo Israel el pueblo separado, escogido, elegido, ya en los profetas esta elección se universaliza, es toda la humanidad, sin distingos, la llamada a la salvación, cuando anuncian la era mesiánica: “Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la Tierra”, Is 49, 6; Za 14, 16; Lc 2, 32; Hch 13, 47.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.