Desierto
latín desertus, despoblado, solitario, lugar árido. Para los israelitas el d. representa la soledad, Dt 32, 10; lugares secos y calientes, Os 13, 5; sitio peligroso, Lm 5, 9. Durante cuarenta años anduvo el pueblo de Israel errante por el desierto, antes de entrar en la Tierra Prometida, Dt 8,-4; etapa esta de la historia de la salvación en la que Yahvéh va formando al pueblo elegido, 1 Co 10, 1-11. En las Sagradas Escrituras se mencionan varios desiertos, entre ellos, el del ® Sinaí, el ® Négueb, el de ® Sin, el de ® Judea. Juan Bautista, el Precursor, vivía en el d. de Judea, Mt 3, 1-3; Mc 1, 3-4; Lc 3, 2; Jn 1, 23. Jesús estuvo ayunando cuarenta días y cuarenta noches en el d., donde fue tentado por el demonio, así como el pueblo de Israel, cuarenta años, donde fue probado, Mt 4, 1; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-2. Desnudez, significa estado de inocencia, como antes de la caída, el hombre y la mujer estaban desnudos en el paraíso, y no se avergonzaban uno del otro, Gn 2, 25; tras la caída, vino el despertar de la conciencia, por el desorden introducido en el mundo por el pecado, y el hombre vio que estaba desnudo y se cubrió, Gn 3, 7. La d. era considerada vergonzosa, como cuando Noé se emborrachó y se desnudó, sus hijos lo cubrieron sin ver su d., Gn 9, 21-23. El altar no debía tener gradas, a fin de que no se viera la d. del sacerdote al subir, Ex 20, 26. Dentro de los vestidos de los sacerdotes estaban los calzones, que debían usarlos para cubrir la d. desde la cintura hasta los muslos, y así prevenir alguna indecencia, Ex 28, 42. Cuando se habla de la prohibición del incesto, de las relaciones sexuales entre consanguíneos, se usa la expresión “no descubrirás la d.” de tu madre, de tu hija, de tu hermana, etc., Lv 18, 618; 20, 17-21; igualmente se emplea cuando se prohibe al hombre tener relaciones sexuales con la mujer en menstruación, Lv 18, 19. La d. es signo de pobreza, carencia de todo, Dt 28, 48; Rm 8, 35; 1 Co 4, 11; 2 Co 11, 27. Dentro de las buenas obras para con los semejantes, está vestir al desnudo, Tb 4, 16; Is 58, 7; Ez 18, 7 y 16; Mt 25, 36.
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