Cedrón
torrente turbio. Nombre del arroyo, que desemboca en el mar Muerto, y del valle que separan a Jerusalén del monte de los Olivos.
David pasó por el C. con su gente cuando huía de Absalón 2 S 15, 23.
Jesús lo cruzó con sus discípulos para ir al huerto de los Olivos, donde sería prendido, y donde solía reunirse con ellos, Jn 18, 1. En el torrente del C., Asá, rey de Judá, quemó el objeto que su madre Maacá había hecho en honor de la diosa Aserá, 1 R 15, 13; 2 Cro 15, 16; también Josías, rey de Judá, ordenó a Jilquías que quemase en los yermos del C. los objetos hechos a Baal y Aserá, que se encontraban en el santuario de Yahvéh, y sus cenizas llevadas a Betel; a Aserá la sacaron y la quemaron y sus cenizas esparcidas sobre las tumbas del pueblo llano, pues en el C.
había cementerio, 2 R 23, 4-6 y 12; Jr 31, 40; Ezequías, rey de Judá, llevó a cabo una reforma religiosa e hizo sacar del santuario de Yahvéh las impureza y las quemó en el C., 2 Cro 29, 16; 30, 14. Cefas ® Pedro Ceguera, privación total del sentido de la vista, muy común en los pueblos bíblicos. Esta afección tenía varias causas, naturales y traumáticas. Enfermedad congénita, Jn 9, 1; degenerativa, como la de Isaac, por lo que fue Jacob suplantó a su hermano Esaú sin que Isaac lo viera, Gn 27, 1; a Jacob en su vejez se le nublaron los ojos, Gn 48, 10; las pupilas del profeta Ajías se quedaron rígidas a causa de la vejez, 1 R 14, 4. Por accidente, a Tobías le cayó excremento de gorriones en los ojos y quedó ciego, Tb 2, 10.
Existían normas sobre esta enfermedad en la Escritura. Se exigía respeto para los ciegos Lv 19, 14; Dt 27, 18. Esta enfermedad era un impedimento para acceder al sacerdocio, Lv 21, 18. Como los animales que se ofrecían en sacrificio a Yahvéh debían ser perfectos, el ciego era desechado, Dt 15, 21.
Yahvéh dice entre las maldiciones que alcanzarán a Israel si no cumple con sus mandamientos está la c., Dt 27, 28-29. Algunos pueblos antiguos castigaban a los esclavos o a los prisioneros sacándoles los ojos, como le sucedió a Sansón a quien los filisteos dejaron ciego, Jc 16, 21; a Sedecías, rey de Judá, por haberse rebelado contra Babilonia, fue preso por Nabucodonosor quien le sacó los ojos, 2 R 25, 7.
Jesús les devolvió la visión a muchos enfermos de c. Mt 12, 22; Mc 8, 22-26; 10, 46-52; Lc 18, 35-43; Jn 9, 1-7.
En sentido figurado la c. es significa ignorancia, arrogancia, rebeldía, incapacidad para valorar las cosas por apasionamiento, Sal 115 (113 B), 5; Is 6, 10; 43, 8; 2 Co 4, 4, Mt 15, 14; 23, 16-26; Lc 6, 39; Jn 9, 39.
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