Carmelo
jardín de árboles. 1. Sierra al noroeste de Israel, de 21 km de longitud, tiene de 5 a 13 km de anchura. Se extiende hacia el noroeste desde el Esdrelón hasta la bahía de Acre, en el mar Mediterráneo, y la ciudad y puerto de Haifa. La altura máxima de la sierra llega a los 549 m sobre el nivel del mar. El territorio de la tribu de Aser llegaba hasta el C. por el oeste, Jos 19, 26. En el monte C. se enfrentó Elías a los profetas de Baal, que eran mantenidos por Jezabel, mujer de Ajab, rey de Israel 874-853 a. C., y los degolló a todos en el torrente de Quisón, 1 R 18, 20-39; 1 Cro 18, 16-40.
Eliseo, discípulo de Elías, tras el incidente con los niños que se burlaban de él y fueron devorados por los osos, que salieron del bosque, camino de Betel, se fue al monte C., y después volvió a Samaría, 2 R 2, 25; 4, 25. El territorio de Aser tocaba con el C. por el oeste, Jos 19, 26.
El C. se destaca en la Biblia por su fertilidad y la belleza del paisaje Is 33, 9; 35, 2; Jr 50, 19; Am 1, 2; Na 1, 4. Poéticamente, el novio le dice a su amante que su cabeza destaca como el C., Ct 7, 6. 2. Una de las ciudades, al sur de Hebrón, hacia la frontera de Edom, en el Nágueb, que correspondió a la tribu de Judá, Jos 15, 55. Tras triunfar sobre los amalecitas y perdonarle la vida al rey Agag, Saúl se erigió un monumento en C. 1 S 15, 12. Abigaíl, mujer natural de C., fue tomada como su mujer por David, tras la muerte de su marido Nabal, castigado por Yahvéh, 1 S 25, 2-42; 27, 3; 30, 5; 2 S 2, 2; 3, 2; 1 Cro 3, 1. Jesray, uno de los Valientes de David, era de C., 2 S 23, 35; 1 Cro 11, 37. Carne, hebreo basar. En principio c. significa la materia corporal, lo visible, sea del animal o del hombre, más ampliamente el cuerpo, Gn 40, 19; Nm 8, 7; 1 R 21, 27; 1 S 17, 44; 2 R 4, 34; 5, 10; 9, 36; Jb 2, 5; 7, 5; 10, 11; Sal 16 (15), 9; 63 (62), 1; Pr 14, 30; Lm 3, 4. La c. del cuerpo Yahvéh la ha tejido en el seno materno, se modela en él, Jb 10, 11; Sb 7,1; Sal 139 (138), 13-16. En muchos pasajes del A. T. basar, c., cuerpo, significa hombre; es decir, basar encierra el concepto de aliento, nefés, Gn 2, 7; de aquí que “mi nefes”, mi vida, en Sal 6, 5. El hombre en el A. T. es una unidad, no un compuesto, carne y espíritu, como entre los griegos. Por esta razón, basar no se emplea para designar un cadáver. Cuando se refiere a los animales, c. tiene significado de alimento o c. de sacrificio, Dt 12, 15 y 20; 1 R 17, 6; 19, 21; Ez 40, 43. Puede indicar todo ser viviente, la humanidad, Gn 7, 21; Jr 32, 27; 45, 5; Ez 21, 9. El hombre y la mujer unidos en matrimonio son una sola c., Gn 2, 21-24; Ml 2, 16; c. significa vínculo familiar, linaje, Gn 29, 14; 37, 27; Lv 18, 12-13 y 17; 20, 19; Jc 9, 2; 2 S 5, 1; 19, 13-14; 1 Cro 11, 1; Ne 5, 5. Con la muerte, la c. vuelve al polvo del que ha sido formada, Jb 10, 9; 34, 15; Qo 12, 7; se consume Pr 5, 11; es decir, la c. frente a Dios, eterno, es perecedera, frágil, Gn 6, 3; Sal 56 (55), 5; 78 (77), 39; Si 14, 18; Is 31, 3; 40, 6.
En el N. T. como el hebreo existe el término preciso cuerpo, se usan las palabras griegas sôma, cuerpo, que también puede indicar cadáver, y sárx, c., con su connotación de fragilidad, flaqueza, Mt 26, 41; Rm 6, 19; 7, 14- 18; 2 Co 7, 5; y pecado, Rm 7, 5; 2 Co 7, 1. La c. para el Apóstol es la sede del pecado, Rm 7, 5/14/18/25; 13, 14; 2 Co 7, 1; pues la c. tiene apetencias diferentes a las del espíritu, Ga 5 13-24; la c. tiende a la muerte, el espíritu, a la vida y a la paz, Rm 8, 1-12. Cristo venció esta tendencia maligna tomando la “c. de pecado”, Rm 8, 3. El cristiano se libera de la c. si está unido a Cristo Rm 7, 5-6; Col 2, 11-13.
En la Escritura es corriente la expresión “según la c.”, para referirse a lo humano en contraposición a lo divino, 1 Co 10, 18; 2 Co 1, 17.
Carnero, latín carnerus. Macho de la oveja, mamífero rumiante de cuernos oblicuos, arrugados y en espiral. Productor de carne para la alimentación Gn 31, 38; su piel servía para hacer cubiertas y toldos Ex 26, 14; su lana, para el vestido Pr 31 13; los cuernos, huecos, para trompetas Jos 6, 4-5. Se empleaba para el holocausto Gn 15, 9 y 22, 13; para el sacrificio por el pecado Lv 5, 15 y 25; Nm 5 8 y 23, 1; Is 1, 11; 34, 6; Mi 6, 7; se inmoló en la consagración sacerdotal de Aarón y sus hijos Ex 29, 1; Lv 8, 1; al cumplirse los días del nazireato, se ofrecía un c. como sacrificio de comunión Nm 6, 14. Entre las víctimas que ofreció Salomón cuando accedió al trono de David, había mil carneros 1 Cro 29, 21.
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