Cama
lecho, mueble para descansar o dormir. En Egipto, Siria, Persia, Babilonia y demás pueblos de la antigüedad se usaba este mueble. Ya en el Génesis se menciona su empleo, Gn 47, 31; 48, 2; 49, 33; Ex 7, 28. El lecho como tálamo, es decir, la c. de los esposos; Rubén violó el tálamo de su padre Jacob al acostarse con Bilhá, concubina de éste, Gn 35, 22; 49, 4; 1 Cro 5, 1. Lecho nupcial, 1 M 1, 27; Sb 3, 13. Lecho conyugal, lo llama Pablo, que debe ser sin mancha, Hb 13, 4.
En las cortes y en las casas ricas, las camas eran lujosas, se usaban colchas y sábanas finas y se perfumaban, Pr 7, 17. Cuando Judit entró en la tienda de Holofernes, éste descansaba en un lecho muy adornado, Jdt 10, 21; en él dormía el general su borrachera, cuando Judit lo decapitó, Jdt 13, 6-9. Las c. se confeccionaban de marfil, Am 6, 4. En la corte de Asuero las camas eran de oro y plata, Est 1, 6. Acostarse en un lecho de cenizas era señal de duelo, de penitencia, Est 4, 3.
Guardar c. caer en c., significan en la Escritura estar enfermo, Ex 21, 18; Jdt 8, 3; 1 M 6, 8. “Sobre monte elevado y excelso pusiste tu lecho”, dice el profeta cuando arremete contra la idolatría introducida en Israel de Canaán, y se refiere a la prostitución sagrada propia de los cultos cananeos, Is 57, 7.
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