Cabeza
latín caput, griego Kephalé. Parte superior del cuerpo humano y anterior del de los animales. En el Génesis encontramos la primera mención de la c. de un animal, cuando Yahvéh maldice a la serpiente tras la caída del hombre en el paraíso, cuando le dice que “él te pisará la c.” Gn 3, 15, versículo éste conocido como el Protoevangelio o primer anuncio del Mesías. En los sacrificios de animales, antes de inmolarlos se les imponían las manos en la c., Ex 29, 10 y 15; Lv 1, 4; 3, 2/7/12; 4, 4/ 15/24/29/33; 8, 14/18/22; Nm 8, 12. El Día de la Expiación, se soltaba un macho cabrío para Azazel en el desierto, al cual se le imponían las manos en la c. a fin de que cargara en ella todos los pecados de los israelitas, para purificarlos, Lv 16 20-21. En el caso del pecado por blasfemar el Nombre, el culpable debía ser lapidado, antes de los cual los que lo oyeron debía imponerle las manos sobre la c., como al animal del sacrificio, Lv 24, 14. En la Escritura se usa abundantemente el término de manera figurada. Para significar al jefe de familia, de la tribu, del clan, de la tropa, al rey, Ex 6, 14 y 25; Nm 32, 17; Dt 33, 21; Jos 14, 1; 21, 1; 22, 14; 1 S 18, 13-16; 2 S 10, 16; 18, 1; 1 Cro 5, 15; 7, 11; 8, 13; 9, 33-34; 15, 12; 19, 16; 23, 24; 24, 31; 26, 26; 27, 1; 29, 6; 2 Cro 1, 2; 11, 22; 19, 8; 23, 2; Esd 1, 5; 2, 68; 4, 2-3; 8, 1 y 29; 10, 16; Ne 7, 69-70; 8, 13; 11, 13; 12, 12/22/23; 2 M 12, 20; Is 7, 8 y 9. Marchar delante de, como los sacerdotes cuando el traslado del Arca, que iban a la c. del pueblo Jos 3, 14; 4, 11; cuando los danitas marcharon a fundar la ciudad de Dan, pusieron a la c. a las mujeres, Jc 18, 21; los sibaritas irán a la c. de los desterrados Am 6, 7; cuando Jacob sea restaurado, Yahvéh irá a la c. Mi 2, 13. Después que Yahvéh le da a Israel la Ley, le dice que, si la cumple, lo pondrá a la c. de numerosas naciones y no a la cola; si no, Israel será cola y el extranjero c., Dt 28, 13 y 44. A los sacerdotes y a los reyes, para consagrarlos, se les ungía en la c., Ex 29, 7; 40, 15; Lv 8, 12; 21, 10; 1 S 10, 1; 16, 13; 1 R 1, 39; 2 R 9, 3 y 6. Es costumbre oriental perfumarse la cabeza, así como es símbolo de hospitalidad ungir la del visitante, Sal 23 (22), 5; 92 (91), 11; 133 (132), 2; 141 (140), 5; Qo 9, 8; Am 6, 6; Mt 6, 17; 26, 7; Mc 14, 3; Lc 7, 46. Se cortaba el ® cabello, se rapaba la c., se cubría de polvo o de ceniza en señal de penitencia, de duelo, de dolor, Jos 7, 6; 1 S 4, 12; 2 S 1, 2; 13, 19; Ne 9, 1; Jdt 4, 11; 9, 1; Est 4, 15-17; 1 M 3, 47; 4, 39; 2 M 10, 25; Jb 2, 12; Lm 2, 10; Ez 27, 30. También se cubría la c. por las razones anteriores, 2 S 15, 30; Jr 14, 3-4. Un gesto de dolor es ponerse las manos en la c., 2 S 13, 19; Jr 2, 37. Menear la cabeza es expresión que en la Escritura significa burla, ofensa, 2 R 19, 21; Sal 22 (21), 8; 44 (43), 15; 64 (63), 9; 109 (108), 25; Lm 2, 15; Jb 16, 4; Si 12, 18; 13, 7; Is 37, 22; Jr 18, 16; 48, 27; Mt 27, 39; Mc 15, 29. Cuando alguien comete un crimen de sangre, se dice que ésta, o su maldad, recaiga sobre la c. del agresor, Jos 2, 19; 1 S 25, 39; 2 S 1, 16; 3, 29; 1 R 2, 32-33 y 37; Ez 33, 4; Hch 18, 6; la culpa, su propia conducta, recaiga sobre la c. del que cometió alguna falta 1 R 2, 44; 8, 32; 2 Cro 6, 23; Ne 3, 36; Sal 7, 17; 54 (53), 7; 109 (108), 17; Ez 9, 10; 11, 21; 16, 43; 17, 19; 22, 31. Yahvéh descarga su ira sobre la c. de los malvados Jdt 9, 9; Jr 23, 19; 30, 23.
En el N. T. Cristo resucitado fue constituido por el Padre en c. de su cuerpo, que es la Iglesia; en él reside la plenitud, que lo llena “todo en todo”, y en él la alcanzamos, pues es c. de toda potestad y principado, 1 Co 11, 3; Ef 1, 10 y 23; 4, 15-16; 5, 23; Col 1, 18-20; 2, 10 y 17-19.
Cristo es la cabeza de todo hombre de la Iglesia; la c. de la mujer es el hombre, dice San Pablo, 1 Co 11, 3; Ef 5, 23. Según el Apóstol, el varón no debe cubrirse la cabeza, mientras la mujer debía hacerlo, 1 Co 11, 5-10.
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