Azote
castigo muy común en las culturas antiguas, que se aplicaba de diferentes formas, con varas, látigos de cuero, “nervios de buey”, como en el martirio de los siete hermanos, narrado en 2 M 7, con aguijones metálicos 1 R 12, 11-14; mimbres, palos, como fue muerto Eleazar, 2 M 6, 19, etc. En muchos casos el reo era azotado hasta causarle la muerte. El a. fue establecido en el código deuteronómico para ciertas ofensas, cuyo número será proporcional a la falta, que, en todo caso, no podrá pasar de cuarenta azotes, a fin de que la pena no sea excesiva y no se envilezca el hombre Dt 25, 1-3. En el N. T. se dice que la pena del a. se llevaba a cabo en las sinagogas Mt 10, 17 y 23, 34; Mc 13, 9-13; Lc 21, 12; Hch 5, 40 y 22, 19. Jesús anunció su pasión y que sería sometido por los romanos a la flagelación Mt 20, 19; Mc 10, 34; Lc 18, 33; y voluntariamente se entregó a este castigo, que precedía a la crucifixión entre los romanos, “y con sus cardenales hemos sido curados” Is 53, 5; Mt 27, 26; Mc 15, 15; Jn 19, 1. Los discípulos de Jesús, en muchas oportunidades sufrieron igual castigo tanto de los gentiles como de los judíos. Pablo recibió cinco veces los cuarenta azotes menos uno de los judíos y también fue azotado con varas 2 Co 11, 24-25; Hch 16, 22-23. Sin embargo, Roma, mediante la ley Porcia, prohibía flagelar a sus ciudadanos, castigo con el que sí penalizaba a los esclavos y extranjeros, Hch 16, 37-39 y 22, 25-29.
El término a. se usa en sentido figurado para significar el castigo divino 2 Cro 21, 14; 2 M 9, 11; Is 10, 26; 28, 15-18; en el primer oráculo del profeta Habacub, Dios escoge a los caldeos como el a. para castigar a su pueblo, Ha 1, 4. Los azotes son una figura de la forma paternal como Dios corrige a sus hijos Pr 3 11, 12; Hb 12, 5-11. En el libro de los Proverbios, en varios pasajes, se aconseja la vara a los padres para la corrección de los hijos 13, 24; 22, 15; 23, 13-14; 29, 15-17.
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