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Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era «como el sacramento» (LG 1). Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios ( Ap 21:2), «la Esposa del Cordero» ( Ap 21:9). Ya no será herida por el pecado, las manchas (cf. Ap 21:27), el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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