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Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Flp 3:20), pero esta vida permanece «escondida con Cristo en Dios» ( Col 3:3) «Con El nos ha resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jesús» ( Efe 2:6). Alimentados en la Eucaristía con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo. Cuando resucitemos en el último día también nos «manifestaremos con El llenos de gloria» ( Col 3:4).
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