Santiago 3
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Hermanos míos, no pretendáis muchos convertiros en maestros, puesto que sabéis que seremos objeto de un juicio mayor,
2pues todos faltamos en muchas cosas. Si alguno no falta de palabra, es un hombre perfecto, capaz también de controlar todo su cuerpo.
3A los caballos les ponemos freno en la boca para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.
4Observad también las naves, que, aunque sean grandes y estén empujadas por fuertes vientos, son dirigidas por un pequeño timón, según desea la voluntad del piloto.
5Así también la lengua: es un miembro pequeño y se gloría de grandes cosas. Ved qué pequeño fuego abrasa un bosque extenso.
6La lengua también es un fuego, un mundo de iniquidad; la lengua está inserta en nuestros miembros, contamina todo el cuerpo, e inflamada por el infierno, inflama a su vez el curso de la vida.
7Toda clase de fieras, aves, reptiles y peces se doman y han sido domados por el hombre.
8Pero ningún hombre ha podido domar jamás la lengua; es un mal incontrolable, llena de veneno mortal.
9Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que han sido hechos a imagen de Dios.
10De la misma boca procede la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así.
11¿Acaso echa la fuente por el mismo caño agua dulce y amarga?
12¿Acaso puede la higuera, hermanos míos, producir aceitunas o la vid higos? Tampoco el agua salada puede dar agua dulce.
13¿Quién hay entre vosotros que tenga sabiduría y experiencia? Que por su buena conducta muestre las obras hechas por la mansedumbre propia de la sabiduría.
14Pero si tenéis celo amargo en vuestros corazones y rencillas, no os enorgullezcáis ni mintáis contra la verdad.
15Esa sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, animal y diabólica;
16pues donde hay celos y rencillas, allí hay desorden y toda clase de maldad.
17La sabiduría de lo alto, en cambio, es en primer lugar pura, después pacífica, modesta, conciliadora, llena de misericordia y buenos frutos, imparcial y sin hipocresías.
18Los que promueven la paz siembran con la paz el fruto de la justicia.