Mateo 7
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1«No juzguéis, para que no seáis juzgados.
2Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará y con la medida con que midáis se os medirá.
3¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga en el tuyo?
4O ¿cómo dirás a tu hermano: deja que saque la mota de tu ojo, mientras tienes una viga en el tuyo?
5Hipócrita, quita primero la viga de tu ojo y entonces verás cómo quitar la mota del ojo de tu hermano.
6«No deis las cosas santas a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y, revolviéndose contra vosotros, os despedacen».
7«Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá.
8Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.
9O ¿quién hay entre vosotros, al que si su hijo pide pan le dé una piedra?
10O si le pide un pez, ¿le dará una serpiente?
11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a quienes se las pidan!»
12«Así, pues, todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos: Esta es la Ley y los Profetas».
13«Entrad por la puerta angosta, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella.
14¡Qué angosta es la puerta y estrecha la senda que lleva a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran!
15Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de los abrojos?
17Así, todo árbol bueno da frutos buenos, y el árbol malo da frutos malos.
18Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos.
19Todo árbol que no da fruto bueno es cortado y arrojado al fuego.
20Por tanto, por sus frutos los conoceréis».
21«No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
22Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros en tu nombre?”
23Entonces yo les replicaré: “Nunca os conocí; apartaos de mi los que obráis la iniquidad”.
24Por tanto, todo el que escucha mis palabras y las cumple es semejante al varón prudente que edificó su casa sobre roca.
25Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos e irrumpieron sobre aquella casa, pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca.
26Así pues, todo el que escucha mis palabras y no las cumple es como el hombre necio que edificó su casa sobre arena.
27Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos e irrumpieron sobre aquella casa, y cayó y fue grande su ruina».
28Y sucedió que, después de terminar Jesús estos discursos, la muchedumbre quedó admirada de su doctrina,
29pues les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.