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Mateo 5

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Viendo a la muchedumbre, subió al monte; y después de haberse sentado, se le acercaron sus discípulos.

2Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11Bienaventurados seréis cuando os injurien y persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo mal por mi causa.

12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será abundante en los cielos; así persiguieron también a los profetas que os precedieron».

13«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se salará? Para nada vale ya, sino para arrojarla fuera y que la pisen los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte;

15ni se enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que ilumine a todos los que están en la casa.

16Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».

17«No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a darle cumplimiento.

18Porque, os lo aseguro: mientras existan el cielo y la tierra no dejará de cumplirse una jota o tilde de la Ley.

19Por tanto, el que quebrante uno solo de estos preceptos, por mínimo que sea, y enseñe así a los hombres, será tenido por el menor en el reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, ese será grande en el reino de los cielos.

20Os aseguro, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, pues quien mate será reo de juicio.

22Pero yo os digo: Todo el que se encolerice contra su hermano será reo de juicio, y el que llame “estúpido” a su hermano será reo ante el Sanedrín, y el que lo llame “necio”, será reo del fuego del infierno.

23Por tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,

24deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; después vuelve y presenta tu ofrenda.

25Ponte de acuerdo con tu adversario cuanto antes, mientras vas con él por el camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel.

26Te lo aseguro: no saldrás de allí hasta que devuelvas el último céntimo.

27Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.

28Pero yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón.

29Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y arrójalo de ti, porque más te vale perder uno de tus miembros que dejar ir todo tu cuerpo al infierno.

30Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de ti, porque más te vale perder uno de tus miembros a que todo tu cuerpo vaya al infierno.

31Se dijo también: Cualquiera que repudie a su mujer, déle libelo de repudio.

32Pero yo os digo: Todo el que repudie a su mujer, fuera del caso de concubinato, la expone a cometer adulterio, y el que se una con la repudiada comete adulterio.

33También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en vano, sino que cumplirás tus juramentos al Señor”.

34Pero yo os digo: No juréis de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,

35ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey,

36ni jurarás por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello.

37Sea, pues, vuestra palabra: “Sí, sí”, “No, no”. Lo que pasa de esto, del Maligno viene.

38Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”.

39Pero yo os digo: No resistáis al malvado; por el contrario, a quien te hiera en la mejilla derecha, preséntale también la otra;

40y al que quiera litigar contigo y quitarte la túnica, déjale también la capa;

41a quien te fuerce a ir con él una milla, vete con él dos.

42Dale a quien te pida, y no vuelvas el rostro al que desee de ti algo prestado.

43Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”.

44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen,

45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos y pecadores.

46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos?

47Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿Acaso no hacen eso también los gentiles?

48Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

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