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Marcos 9

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Y les decía: «Os lo aseguro: hay algunos de los aquí presentes que no morirán hasta haber visto venir el reino de Dios con poder».

2Seis días después, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y los lleva a ellos solos aparte a un monte elevado, y se transfiguró ante ellos.

3Sus vestidos se volvieron resplandecientes y muy blancos, como ningún batanero de la tierra podría blanquearlos.

4Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.

5Toma Pedro la palabra y dice a Jesús: «Rabbí, qué bien estamos aquí. Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

6Pues no sabía qué decir, porque estaban atemorizados.

7Se formó entonces una nube que los cubrió, y desde la nube se oyó una voz: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

8Y echando en el acto una mirada a su alrededor, ya no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.

9Mientras bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos.

10Y guardaron estas palabras, discutiendo entre ellos qué era aquello de “resucitar de entre los muertos”.

11Y le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que Elías ha de venir primero?»

12El les dijo: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; ahora bien, ¿cómo está escrito acerca del Hijo del hombre que padecerá mucho y será despreciado?

13Pues yo os digo que Elías ha venido ya e hicieron con él cuanto quisieron, conforme a lo que está escrito de él».

14Al llegar junto a los discípulos, vieron una gran muchedumbre que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos.

15En seguida, al verle, todo el pueblo quedó sorprendido y corrían a saludarle.

16Él les preguntó: «¿Qué discutíais entre vosotros?»

17Uno de la muchedumbre le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu mudo,

18y cuando se apodera de él, lo tira al suelo, le hace echar espumarajos y rechinar los dientes, y lo deja rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido».

19Él les responde: «¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? ¡Traédmelo!»

20Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu lo vio, al instante agitó violentamente al muchacho, quien, cayendo al suelo, se revolcaba echando espumarajos.

21Y preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?» Él le respondió: «Desde la infancia;

22y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Pero si algo puedes, ayúdanos, apiádate de nosotros».

23Jesús le dijo: «¡Si puedes...! ¡Todo es posible para el que cree!».

24Al instante exclamó el padre del muchacho: «Creo, ayuda mi incredulidad».

25Al ver Jesús que crecía la muchedumbre, increpó al espíritu inmundo diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y nunca más vuelvas a entrar en él».

26Y dando gritos y agitándole violentamente salió, dejándolo como muerto, de manera que muchos decían: «Está muerto».

27Pero Jesús, tomándole de la mano, lo levantó y se mantuvo en pie.

28Después de entrar en casa, a solas con él, le preguntaron sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»

29Y él les dijo: «Esta raza con nada puede ser expulsada, sino con la oración».

30Al salir de allí caminaban a través de Galilea, y no quería que nadie lo supiera,

31porque iba instruyendo a sus discípulos. Y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres que lo matarán; y una vez muerto, después de tres días, resucitará».

32Pero ellos no entendían estas palabras y temían preguntarle.

33Llegaron a Cafarnaúm. Estando ya en casa, les preguntó: «¿Qué discutíais por el camino?»

34Pero ellos callaban, porque por el camino habían discutido entre ellos sobre quién era el mayor.

35Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dice: «Si alguno quiere ser el primero, hágase el último y el servidor de todos».

36Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, después de abrazarlo, les dijo:

37«Quien reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe, no es a mí a quien recibe, sino al que me envió».

38Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsa los demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no viene con nosotros».

39Jesús contestó: «No se lo prohibáis, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede hablar después mal de mí;

40pues quien no está contra nosotros, con nosotros está.

41En efecto, cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, por el hecho de que sois discípulos de Cristo, os lo aseguro: no perderá su recompensa».

42«A cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas ruedas de molino que mueve un asno y lo arrojen en el mar.

43Y si tu mano te escandaliza, córtatela; mejor es para ti entrar lisiado en la vida que con las dos manos ir a la gehenna, al fuego inextinguible.

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45Y si tu pie te escandaliza, córtatelo; mejor es para ti entrar cojo en la vida que con los dos pies ser arrojado en el infierno.

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47Y si tu ojo te escandaliza, sácatelo; mejor es para ti entrar tuerto en el reino de Dios que con los dos ojos ser arrojado en el infierno,

48donde su gusano no muere ni el fuego se apaga.

49Porque todos serán salados al fuego.

50La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y vivid en paz unos con otros».

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