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Lucas 24

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro, llevando los aromas que habían preparado.

2Y encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro.

3Pero al entrar, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4Y sucedió que, mientras ellas estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes.

5Como se asustaran e inclinasen su rostro hacia el suelo, ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

6No está aquí, sino que ha resucitado. Recordad cómo os habló cuando aún estaba en Galilea,

7diciendo: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite”».

8Ellas se acordaron entonces de sus palabras,

9y regresando del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás.

10Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago, y las otras que estaban con ellas, las que contaban estas cosas a los Apóstoles.

11Pero estas palabras les parecieron como un delirio, y no las creían.

12Pedro, no obstante, levantándose corrió hacia el sepulcro; se inclinó y vio solo los lienzos. Entonces regresó a casa, admirado por lo sucedido.

13Ese mismo día iban dos de ellos a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén sesenta estadios.

14Conversaban entre sí sobre todos estos acontecimientos.

15Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y caminaba con ellos.

16Pero sus ojos estaban incapacitados para reconocerle.

17Y les preguntó: «¿Qué conversación lleváis entre vosotros mientras camináis?» Se detuvieron entristecidos.

18Y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha ocurrido en ella estos días?»

19Él les dijo: «¿Qué sucedió?» Y ellos le contestaron: «Lo de Jesús Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;

20cómo los sumos sacerdotes y los magistrados lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron.

21Nosotros, sin embargo, esperábamos que sería él quien salvaría a Israel. Mas, con todo, ya es el tercer día desde que esto ha sucedido.

22Es verdad que algunas mujeres de las nuestras nos sobresaltaron, porque fueron muy temprano al sepulcro

23y, al no encontrar su cuerpo, volvieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, los cuales dicen que él vive.

24Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron todo como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron».

25Entonces él les dijo: «¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!

26¿No era preciso que el Cristo padeciera estas cosas y entrara así en su gloria?»

27Y empezando por Moisés y todos los Profetas, les interpretaba lo que hay sobre él en todas las Escrituras.

28Y al acercarse a la aldea adonde iban, él hizo ademán de continuar.

29Pero le retuvieron diciendo: «Quédate con nosotros, porque es tarde y ya ha declinado el día». Y entró para quedarse con ellos.

30Estando a la mesa con ellos, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio.

31Entonces se abrieron sus ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su presencia.

32Y se dijeron uno a otro: «¿No es verdad que nuestro corazón ardía dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

33Al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,

34que decían: «El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón».

35Y ellos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le reconocieron en la fracción del pan.

36Mientras contaban estas cosas, él mismo se presenta en medio de ellos y les dice: «La paz esté con vosotros».

37Sobresaltados y llenos de temor, creían ver un espíritu.

38Y les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué surgen dudas en vuestros corazones?

39Ved mis manos y mis pies: Soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo».

40Y dicho esto, les mostró las manos y los pies.

41Y como ellos no acabasen de creer a causa de la alegría y admiración, les dijo: «¿Tenéis aquí algo que comer?»

42Ellos le ofrecieron entonces un trozo de pez asado.

43Y tomándolo, comió delante de ellos.

44Y les dijo: «Estas son las cosas que os decía cuando estaba todavía con vosotros, pues es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí».

45Entonces abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras.

46Y les dijo: «Así está escrito que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día,

47y en su nombre había de predicarse la penitencia para la remisión de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén.

48Vosotros sois testigos de estas cosas.

49Y sabed que voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Vosotros, por tanto, quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos con la fuerza de lo alto».

50Los llevó luego hasta cerca de Betania,

51y levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y se iba elevando al cielo.

52Y ellos le adoraron, y regresaron a Jerusalén llenos de inmensa alegría.

53Y estaban de continuo en el Templo bendiciendo a Dios.

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