Lucas 14
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Al entrar un sábado a comer en casa de uno de los principales fariseos, ellos le estaban acechando.
2Y es que allí, delante de él, había un hombre hidrópico.
3Entonces preguntó Jesús a los doctores de la Ley y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado o no?»
4Pero ellos callaron. Tomándole entonces, lo curó y le despidió.
5Y a ellos les dijo: «¿Quién de vosotros si se le cae al pozo un hijo o un buey no lo saca inmediatamente en día de sábado?»
6Y no supieron qué responder a esto.
7Al observar cómo elegían los invitados los primeros puestos, les propuso una parábola.
8«Cuando seas invitado por alguien a una boda, no te coloques en el primer puesto, no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por aquel,
9y el que os invitó a ti y a él, te diga: “Cede el sitio a este”, y entonces tengas que ir lleno de vergüenza a ocupar el último lugar.
10Al contrario, cuando seas invitado, ve a sentarte en el último lugar, para que cuando venga quien te invitó, te diga: “Amigo, sube más arriba”. Esto será para ti un honor ante todos los comensales.
11Porque todo el que se exalta será humillado, y el que se humilla será exaltado».
12Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que también ellos te inviten y recibas tu recompensa.
13Al contrario, cuando des un banquete, llama a los pobres, a los tullidos, a los cojos, a los ciegos;
14y serás dichoso, porque ellos no pueden corresponderte: se te recompensará en la resurrección de los justos».
15Tras oír esto, uno de los comensales le dijo: «Dichoso el que coma el pan en el reino de Dios».
16Pero él contestó: «Un hombre dio una gran cena, e invitó a muchos.
17A la hora de la cena envió a sus criados a decir a los invitados: “Venid, que ya está todo preparado».
18Y todos a una comenzaron a excusarse. El primero le dijo: “Compré una hacienda y necesito ir a verla; te ruego me des por excusado”.
19Otro dijo: “Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos; te ruego me des por excusado”.
20Un tercero dijo: “Me he casado y por eso no puedo ir”.
21Regresó el criado y refirió esto a su señor. Entonces, irritado el dueño de la casa dijo a su criado: “Sal enseguida a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres, a los tullidos, a los ciegos y a los cojos”.
22Dijo el criado: “Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía hay sitio”.
23Entonces el señor dijo al criado: “Sal a los caminos y a los cercados y obliga a entrar, para que se llene mi casa.
24Pues os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados gustará mi cena”».
25Le seguía mucha gente, y volviéndose les dijo:
26«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a los hermanos y a las hermanas, y hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27Quien no carga con su cruz y viene tras de mí, no puede ser mi discípulo.
28Porque, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para terminarla?
29No sea que, puestos los cimientos y no pudiendo acabar, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él,
30diciendo: “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”.
31O, ¿qué rey, cuando va a salir a luchar contra otro rey, no se sienta antes a considerar si puede enfrentarse con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
32Y si no, cuando aún está lejos, envía una embajada para negociar la paz.
33De igual modo, por tanto, cualquiera de vosotros que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.
34Buena es la sal; pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la sazonará?
35No sirve ni para la tierra, ni para el estercolero, sino que la tiran fuera. Quien tenga oídos para oír, que oiga».