Lucas 11
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Estando orando en cierto lugar, en cuanto que acabó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».
2Y les respondió: «Cuando oréis decid: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino;
3danos hoy nuestro pan de cada día,
4y perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a todo el que nos ofende, y no nos dejes caer en la tentación».
5Y les dijo: «Si uno de vosotros tiene un amigo y acude a él a medianoche y le dice: “Amigo, prestame tres panes,
6pues un amigo mío ha llegado de viaje y no tengo qué darle”.
7Aunque aquel le responda desde dentro: “No me molestes, la puerta está cerrada y yo y mis hijos acostados; no puedo levantarme a dártelos”.
8Os lo aseguro: aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, al menos por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesita.
9«También yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá.
10Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
11Pues, ¿qué padre habrá entre vosotros que si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le dé una serpiente?
12O si le pide un huevo, ¿le dé un escorpión?
13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden?»
14Estaba expulsando un demonio que era mudo; cuando salió el demonio habló el mudo. La gente quedó maravillada,
15pero algunos dijeron: «Este expulsa a los demonios con el poder de Beelzebul, príncipe de los demonios».
16Otros, para tentarle, le pedían un signo del cielo.
17Pero él, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda desolado; y cae casa sobre casa.
18Por tanto, si Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo subsistirá su reino? Porque decís que por Beelzebul expulso yo los demonios.
19Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.
20Pero si yo expulso los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
21Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, están seguros sus bienes.
22Pero si llega otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte su botín.
23Quien no está conmigo, está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama.
24Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, vaga por lugares áridos en busca de reposo, y al no encontrarlo, se dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”.
25Y a su regreso la encuentra barrida y arreglada.
26Entonces va, toma consigo otros siete espíritus peores que él, entran y fijan allí su morada. Y la situación final de aquel hombre viene a ser peor que la primera».
27Mientras decía estas cosas, una mujer del pueblo gritó: «Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron».
28Pero él le replicó: «Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan».
29Habiendo aumentado la muchedumbre, comenzó a decir: «Esta generación es una generación perversa; busca un signo y no se le dará otro que el signo de Jonás.
30Pues como Jonás fue un signo para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será también para esta generación.
31La reina del Mediodía se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y los condenará; porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y hay aquí algo más que Salomón.
32Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque hicieron penitencia por la predicación de Jonás, y hay aquí algo más que Jonás».
33«Nadie enciende una lámpara para ponerla en un sitio oculto, ni debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que los que entran vean la luz.
34La lámpara del cuerpo es tu ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si está enfermo, también tu cuerpo estará en tinieblas.
35Cuida, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad.
36Por tanto, si tu cuerpo está iluminado, sin parte alguna oscura, todo él será luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor».
37En cuanto terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuera a comer con él. Entró y se puso a la mesa.
38El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de comer.
39Pero el Señor le dijo: «Así que vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras vuestro interior está lleno de rapiña y maldad.
40¡Insensatos! ¿Acaso quien hizo lo de fuera no hizo también lo de dentro?
41Dad limosna ante todo de lo que lleváis dentro, y así todo será limpio para vosotros.
42Pero, ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero descuidáis la justicia y el amor de Dios! Hay que hacer esto sin omitir aquello.
43¡Ay de vosotros, fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y los saludos en las plazas!
44¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros, que no se ven y sobre los que pasan los hombres sin saberlo!»
45Entonces uno de los doctores de la Ley le respondió: «Maestro, hablando así nos ofendes también a nosotros».
46Pero él replicó: «¡Ay también de vosotros, doctores de la Ley, que imponéis a los hombres cargas insoportables, pero vosotros ni con un dedo las tocáis!
47¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron!
48Así que sois testigos y aprobáis las obras de vuestros padres. Porque ellos los mataron, y vosotros edificáis.
49Por eso dijo la sabiduría de Dios: “Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán”,
50para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas que ha sido derramada desde la creación del mundo,
51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el santuario. Sí, os lo aseguro: se le pedirá cuentas a esta generación.
52¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia! No habéis entrado vosotros, y a los que iban a entrar se lo habéis impedido».
53Cuando salió de allí, los fariseos y escribas comenzaron a atacarle duramente y a acosarle con preguntas sobre muchas cuestiones,
54acechándole para sorprenderlo en alguna de sus palabras.