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Juan 19

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Entonces Pilato tomó a Jesús y le hizo azotar.

2Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y lo envolvieron con un manto de púrpura;

3y acercándose a él, le decían: «Salve, rey de los judíos». Y le daban bofetadas.

4Pilato volvió a salir afuera y les dice: «Ved que os lo traigo para que sepáis que no encuentro en él culpa alguna».

5Salió entonces Jesús afuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y les dijo: «¡Aquí tenéis al hombre!»

6Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y sus ministros, gritaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!» Pilato les replica: «Tomadlo vosotros y crucificadlo, pues yo no encuentro culpa en él».

7Los judíos le respondieron: «Nosotros tenemos una Ley, según la Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios».

8Cuando Pilato oyó estas palabras aún se asustó más.

9Entró de nuevo en el pretorio y dice a Jesús: «¿De dónde eres tú?» Pero Jesús no le respondió.

10Pilato le dice: «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?»

11Jesús le respondió: «No tendrías poder alguno sobre mí si no se te hubiera dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene mayor pecado».

12Desde ese momento buscaba Pilato cómo soltarlo. Pero los judíos gritaban: «Si sueltas a ese, no eres amigo del Cesar, pues todo el que se hace rey va contra el Cesar».

13Cuando Pilato oyó estas palabras, sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Litóstrotos, en hebreo Gabbatá.

14Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Y dice a los judíos: «Ahí tenéis a vuestro rey».

15Ellos gritaron: «¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícalo!» Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?» Los sumos sacerdotes respondieron: «No tenemos más rey que el Cesar».

16Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Y se hicieron cargo de Jesús.

17Cargando él con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, en hebreo Gólgota,

18donde le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio Jesús.

19Pilato escribió también una inscripción y la puso sobre la cruz. Estaba escrito: «Jesús Nazareno, Rey de los judíos».

20Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado se hallaba cercano a la ciudad. Estaba escrito en hebreo, en latín y en griego.

21Decían a Pilato los sumos sacerdotes de los judíos: «No escribas: “Rey de los judíos», sino que él dijo: “Yo soy el Rey de los judíos”».

22Pilato respondió: «Lo que he escrito, he escrito».

23Los soldados, después de crucificar a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. Pues era la túnica sin costura, tejida toda ella de arriba abajo.

24Por esto se dijeron: «No la rompamos, sino echémosla a suertes a ver a quién le toca». Para que se cumpliera la Escritura que dice: «Se repartieron mis vestidos y han echado a suertes mi túnica». Y esto es lo que hicieron los soldados.

25Estaban en pie junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena.

26Viendo Jesús a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».

27Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la tomó consigo.

28Después de esto, sabiendo Jesús que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo sed».

29Había allí un vaso lleno de vinagre; y atando a una rama de hisopo una esponja empapada en el vinagre, se la acercaron a la boca.

30Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: «Todo está consumado». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

31Como era el día de la Preparación, para que no quedaran los cuerpos en la cruz el sábado —pues aquel sábado era un día grande—, los judíos pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los retirasen.

32Vinieron los soldados y quebraron las piernas al primero, y también al otro que había sido crucificado con él.

33Pero al llegar a Jesús y ver que ya había muerto, no le quebraron las piernas,

34sino que uno de los soldados le traspasó el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.

35El que lo vio ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis.

36Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán ni un solo hueso».

37Y también otra Escritura que dice: «Mirarán al que traspasaron».

38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por temor a los judíos, pidió a Pilato permiso para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fue, pues, y retiró el cuerpo de Jesús.

39Llegó también Nicodemo —el que antes había ido a él de noche— trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de unas cien libras.

40Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron con lienzos y aromas, como acostumbran a sepultar los judíos.

41Había un huerto en el lugar donde fue crucificado, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que todavía nadie había sido sepultado.

42Como era la Preparación de los judíos, y por la proximidad del sepulcro, pusieron allí a Jesús.

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