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Hechos 28

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta.

2Los nativos nos trataron con una humanidad poco corriente. Encendieron una hoguera y nos acogieron a todos, ya que estaba lloviendo y hacía frío.

3Pablo había recogido un montón de sarmientos y, al echarlos al fuego, una víbora que huía del calor le mordió la mano.

4Cuando los nativos vieron el animal colgado de su mano, se decían unos a otros: «Este hombre debe de ser un asesino, que, aunque se ha librado del mar, la justicia no le permite vivir».

5Pero él sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno,

6cuando ellos esperaban que de pronto se hincharía y en seguida caería muerto; pero después de esperar bastante tiempo, viendo que no le ocurría nada malo, cambiaron de opinión y decían que era un dios.

7Por aquellos lugares tenía unas propiedades el principal de la isla, llamado Publio, quien nos acogió y durante tres días nos hospedó amablemente.

8Casualmente, el padre de Publio estaba en cama, aquejado de fiebre y disentería. Pablo entró a verle, y después de orar, le impuso las manos y lo curó.

9Tras este suceso, los demás enfermos de la isla vinieron también y fueron curados.

10Nos trataron con muchas consideraciones, y al marchar nos proveyeron de lo necesario.

11Transcurridos tres meses, nos embarcamos en una nave alejandrina que había invernado en la isla, con la enseña de los Dioscuros.

12Llegamos a Siracusa y permanecimos tres días.

13Desde allí, costeando, llegamos a Regio. Al día siguiente se levantó viento sur, y a los dos días llegamos a Puteoli,

14donde encontramos hermanos que nos rogaron que permaneciéramos con ellos siete días. Y así llegamos a Roma.

15Informados los hermanos de nuestra llegada, salieron a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas. Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y cobró ánimos.

16Cuando entramos en Roma, permitieron a Pablo que viviera por su cuenta, junto con el soldado que lo custodiaba.

17A los tres días convocó Pablo a los principales judíos. Una vez reunidos, les dijo: «Hermanos, yo no he hecho nada contra el pueblo o las costumbres de nuestros padres; apresado en Jerusalén, fui entregado en manos de los romanos,

18quienes después de haberme interrogado, querían ponerme en libertad por no hallarse en mí ningún motivo de muerte.

19Pero como los judíos se oponían, me vi obligado a apelar al Cesar, sin intención de acusar en nada a los de mi pueblo.

20Este es el motivo por el que he querido veros y hablaros; pues por la esperanza de Israel estoy atado por esta cadena».

21Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta sobre ti, ni tampoco los hermanos que han venido nos han referido o hablado nada malo contra ti.

22Pero nos gustaría oír de ti lo que piensas, pues de esta secta sabemos que por todas partes se la contradice».

23Señalaron un día y vinieron en mayor número adonde se hospedaba, a los cuales expuso la doctrina del reino de Dios, intentando persuadirles acerca de Jesús por la Ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la noche.

24Unos creyeron por lo que decía; otros, en cambio, no creyeron.

25Cuando se retiraban sin ponerse de acuerdo entre ellos, Pablo les dijo estas palabras: «Bien habló el Espíritu Santo por el profeta Isaías a vuestros padres,

26diciendo: “Ve a este pueblo y dile: Oiréis con el oído y no entenderéis, miraréis con vuestros ojos y no veréis.

27Porque se ha obcecado el corazón de este pueblo, han endurecido sus oídos y cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos y oigan con sus oídos, y con el corazón entiendan y se conviertan y yo los sane”.

28Sabed, pues, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles; ellos sí que la oirán».

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30Permaneció (Pablo) dos años completos en la casa que alquiló y recibía a todos los que acudían a él,

31predicando el reino de Dios y enseñando con toda libertad y sin ningún obstáculo lo referente al Señor Jesucristo.

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