Gálatas 3
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Oh gálatas, insensatos, ¿quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?
2solo esto quiero saber de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por la predicación de la fe?
3¿Tan insensatos sois? Comenzando en Espíritu, ¿termináis ahora en carne?
4¿Tantas cosas habéis sufrido sin motivo? ¡Pues sí que sería sin motivo!
5El que os da el Espíritu y obra prodigios entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la Ley o por la predicación de la fe?
6Como Abraham, que creyó en Dios y le fue contado como justicia.
7Sabéis que los que han nacido de la fe, esos son hijos de Abrahám.
8La Escritura previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abraham: «En ti serán benditas todas las gentes».
9Por tanto, los que han nacido de la fe son bendecidos con el fiel Abraham.
10Mas quienes proceden de las obras de la Ley, están sujetos a maldición, porque está escrito: «Maldito todo el que no observe y practique cuanto ha sido escrito en el libro de la Ley».
11Y que ninguno se justifica por la Ley ante Dios es cosa cierta, porque el justo vivirá por la fe.
12Pero la Ley no procede de la fe, sino que quien practique sus preceptos vivirá por ellos.
13Cristo nos ha redimido de la maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque escrito está: «Maldito todo el que cuelga de un madero»,
14para que, en Cristo Jesús, llegara a todas las gentes la bendición de Abraham y por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu.
15Hermanos, hablaré al modo humano: nadie anula o añade algo a un testamento legítimo, aunque sea obra de hombre.
16Pues bien, a Abraham fueron dadas las promesas, y a su descendencia. No dice: «Y a los descendientes», como si fueran muchos, sino a uno solo: «A tu descendiente», es decir, a Cristo.
17Digo esto: un testamento legitimado por Dios no puede invalidarlo la Ley, venida cuatrocientos treinta años después, de modo que la promesa quede anulada.
18Pues si la herencia se nos diera por la Ley, ya no es por la promesa; y, sin embargo, Dios la otorgó a Abraham por la promesa.
19Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que llegase el descendiente a quien iba dirigida la promesa, promulgada por los ángeles a través de un mediador.
20Pero no hay mediador de uno solo, y Dios es uno solo.
21La Ley, por tanto, ¿se opone a las promesas de Dios? De ningún modo. Si se hubiera dado una Ley capaz de dar vida, entonces la justificación vendría realmente por la Ley.
22Pero la Escritura lo encerró todo bajo el pecado, para que la promesa se otorgara a los creyentes por la fe en Jesucristo.
23Así, antes de que llegara la fe estábamos bajo la tutela de la Ley, encerrados con vistas a la fe que había de revelarse.
24De manera que la Ley ha sido nuestro pedagogo hasta Cristo, para que seamos justificados por la fe.
25Pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al pedagogo.
26Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
27En efecto, cuantos habéis sido bautizados en Cristo, estáis revestidos de Cristo.
28No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29Y si sois de Cristo, sois, por tanto, descendencia de Abraham, y herederos según la promesa.