Apocalipsis 1
Nuevo Testamento (AFM 1995) ›1Revelación de Jesucristo, que Dios le concedió para que mostrase a sus siervos las cosas que han de suceder pronto, dadas a conocer por medio de un ángel a su siervo Juan,
2el cual atestigua que todo lo que ha visto es palabra de Dios y testimonio de Jesucristo.
3Bienaventurado el que lee y el que escucha las palabras de esta profecía y los que observan lo que en ella está escrito, pues el tiempo está cerca.
4Juan, a las siete Iglesias que están en Asia. Gracia a vosotros y paz de parte del que es, era y vendrá, y de parte de los siete Espíritus que están ante su trono,
5y de parte de Jesucristo, que es el Testigo fiel, el Primogénito de los muertos y el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos liberó de nuestros pecados con su sangre,
6y nos ha hecho ser un reino, sacerdotes para su Dios y Padre; a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
7Mirad que viene entre nubes, y todo ojo lo verá, especialmente los que le traspasaron, y llorarán por él todas las gentes de la tierra. Sí, amén.
8Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, era y vendrá, el Omnipotente.
9Yo, Juan, vuestro hermano y copartícipe en la tribulación, en el reino y en la paciencia por Jesús, me encontraba en la isla que se llama Patmos, por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.
10Entré en éxtasis un día de domingo y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta,
11que decía: «Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea».
12Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y, vuelto, vi siete candelabros de oro,
13y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido con una túnica talar y ceñido junto al pecho un cinturón de oro.
14Su cabeza y sus cabellos eran refulgentes como lana blanca, como la nieve; sus ojos, como llama de fuego;
15sus pies, semejantes al metal purificado por el fuego y su voz, como el estruendo de las aguas.
16Tenía en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salía una espada afilada de dos filos; y su rostro, como el sol que brilla con toda su potencia.
17Tras verle, caí a sus pies como muerto; pero él puso su mano derecha sobre mí y me dijo: «No temas. Yo soy el primero y el último,
18el que vive; estaba muerto, pero ya ves, vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno.
19Por tanto, escribe las cosas que has visto, las presentes y las que sucederán después de estas.
20Este es el misterio de las siete estrellas que has visto a mi derecha y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete Iglesias, y los siete candelabros son las siete Iglesias.