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2 Corintios 10

Nuevo Testamento (AFM 1995)

1Yo mismo, Pablo, os ruego por la mansedumbre y bondad de Cristo; yo, que presente soy sumiso entre vosotros, pero ausente soy tan atrevido con vosotros,

2os ruego que no tenga que mostrarme atrevido en vuestra presencia como pienso hacerlo con algunos que nos consideran como si actuásemos según la carne.

3Pues aunque vivimos en la carne, no combatimos según la carne

4—porque las armas de nuestra milicia no son carnales, pero sí capaces por el poder de Dios de derribar fortalezas—, deshaciendo sofismas

5y todo orgullo que se levanta contra la ciencia de Dios; sometemos a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo,

6dispuestos a castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia llegue a plenitud.

7Mirad lo que tenéis a la vista. Si alguno confía en que es de Cristo, piense de nuevo en su interior que tal como él es de Cristo, así también nosotros.

8Y si me glorío en exceso del poder que el Señor nos dio para edificación y no para ruina vuestra, no me avergonzaré.

9Para que no parezca que os quiero asustar con mis cartas,

10porque «las cartas —hay quien lo dice— son severas y fuertes; en cambio, la presencia del cuerpo es pobre y la palabra despreciable».

11Piense ese tal que, lo que somos ausentes de palabra y por carta, eso somos también presentes por las obras.

12Es cierto que no nos atrevemos a igualarnos ni a compararnos con los que se recomiendan a sí mismos; pues midiéndose a sí mismos y comparándose con ellos mismos, obran sin inteligencia.

13Nosotros, en cambio, no nos gloriamos sin medida, sino que nos medimos a nosotros mismos por la norma que Dios nos ha dado como medida al hacernos llegar hasta vosotros.

14Pues no traspasamos nuestros propios límites, como sucedería si no hubiéramos llegado hasta vosotros, pues hasta vosotros hemos llegado con el Evangelio de Cristo.

15Ni nos gloriamos sin medida de trabajos ajenos, sino que esperamos del progreso de vuestra fe engrandecernos más entre vosotros, según nuestra norma,

16para evangelizar en lugares más allá de los vuestros, en vez de gloriarnos en terreno ajeno preparado por otros.

17El que se gloría, gloríese en el Señor.

18Porque no es probado el que a sí mismo se recomienda, sino aquel a quien recomienda el Señor.

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