Mateo 24
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Profecía sobre la destrucción del templo. Jesús salió del templo y siguió camino adelante. Y se le acercaron sus discípulos a señalarle la fábrica del templo.
2Pero él les dijo: ¿Veis todo esto? Os digo de veras: No quedará aquí piedra sobre piedra; todo vendrá abajo.
3Y cuando se sentó en el monte de los Olivos, se llegaron a él los discípulos para preguntarle en secreto: Dinos ¿cuándo sucederá esto? ¿Y cuál será la señal de tu venida y la del fin del mundo? Señales generales precursoras: tiempos de angustia y de persecución.
4Jesús les respondió: Cuidado que no os engañe nadie:
5porque se presentarán muchos que llevarán mi nombre y que irán diciendo: Yo soy el Mesías; e inducirán así a error a no pocos.
6Oiréis hablar de guerras y escucharéis fragor de batallas; pero no os alarméis; son cosas que tienen que venir; todavía empero no habrá llegado el fin.
7Se levantará en armas una nación contra otra y un reino contra otro; y habrá hambre y terremotos en diversos lugares;
8pero todo esto no es sino el comienzo de la tremenda aflicción.
9En aquellos días os entregarán a los tormentos y a la muerte; y por mi causa seréis aborrecidos de todo el mundo.
10En aquellos días muchos perderán la fe, se harán traición unos a otros y se odiarán mutuamente.
11Aparecerán no pocos que se harán pasar por enviados de Dios y engañarán a mucha gente;
12y por exceso de la maldad se apagará el fervor de la caridad en los más.
13Pero el que permanezca firme hasta el fin, se salvará.
14Esta buena nueva del reino será predicada en todo el mundo para que tengan confirmación de la verdad todos los pueblos. Y entonces vendrá el fin. Señales de la destrucción de Jerusalén.
15Cuando viereis, pues, en el lugar santo lo que el profeta Daniel llama horrenda profanación del devastador (¡entended bien ese pasaje!),
16los que estéis en Judea, huid a los montes;
17el que se halle en la azotea, que no baje a tomar nada de su casa;
18y el que esté en el campo, que no regrese a casa para llevarse el manto consigo.
19¡Pobres de las que estén encintas o criando en aquellos días!
20Orad para que vuestra huida no se verifique en tiempo de invierno ni en sábado. Señales precursoras de la segunda venida de Jesús.
21Sobrevendrá entonces una tribulación tan espantosa que no la hubo igual desde el principio del mundo hasta ahora, ni la podrá haber.
22Y si no se abreviasen aquellos días, nadie se salvaría; pero se abreviarán en gracia a los escogidos.
23En aquellos días, si alguno os dice: Mirad, el Mesías está aquí o allí, no le creáis;
24porque se levantarán muchos que se harán pasar por Mesías y enviados de Dios; y obrarán grandes señales y prodigios como para engañar, si fuese posible, a los mismos escogidos.
25Pero, ¡cuidado!, que ya os lo tengo dicho de antemano.
26Así pues, si os dicen: Mirad, está en el desierto, no salgáis allá; o bien: Mirad, está escondido en lo más secreto, no lo creáis.
27Como el relámpago sale del oriente y se deja ver hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.
28Donde está la carroña, se juntan los buitres. La venida de Jesús.
29Después de aquellos días de tribulación, el sol perderá su brillo, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y el mundo de los astros se desquiciará.
30Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; todos los pueblos de la tierra, golpeándose el pecho, prorrumpirán en llanto; y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran pompa y majestad.
31Y enviará a sus ángeles para que a la voz de poderosas trompetas reúnan a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el uno al otro extremo del mundo. Parábola de la higuera.
32Tened en cuenta esta comparación, tomada de la higuera: Cuando sus ramas están tiernas y comienzan a brotar las hojas, conocéis que se acerca el verano;
33de la misma manera, cuando veáis todas estas cosas, entended también vosotros que el Hijo del hombre está ya cerca, a las mismas puertas.
34Os aseguro: No pasará esta generación, sin que todo esto tenga cumplimiento.
35El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán. Incertidumbre del día de la venida de Jesús.
36Por lo que se refiere a aquel día y a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo; únicamente lo sabe el Padre.
37Lo mismo que sucedió en los tiempos de Noé, sucederá cuando venga el Hijo del hombre.
38Los días que precedieron al diluvio hasta la entrada de Noé en el arca, comían y bebían, se casaban ellos y ellas;
39y, cuando menos lo sospechaban, sobrevino el diluvio que a negó a todos. Así sucederá también cuando venga el Hijo del hombre;
40estarán entonces dos hombres trabajando en el campo: se llevarán a uno, y dejarán al otro;
41estarán dos mujeres ocupadas en moler: se llevarán a una, y dejarán a la otra. Necesidad de velar. Parábola del ladrón nocturno.
42Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá vuestro Señor.
43Tened la seguridad de que, si el amo de casa supiera a qué hora de la noche iba a asaltarle el ladrón, estaría en vela y no le dejaría horadar la pared de su casa.
44Así también vosotros estad preparados; porque a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre. Parábola del siervo fiel y del siervo infiel.
45Suponed un siervo fiel y prudente, puesto por el amo al frente de la servidumbre para distribuir a cada uno a su tiempo las provisiones.
46Dichoso aquel siervo, si su amo lo encuentra al volver cumpliendo con su obligación.
47De seguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
48Suponed por el contrario un mal siervo, que dice para sus adentros: Mi amo no volverá en mucho tiempo;
49y empieza a maltratar a los demás siervos y la pasa en banquetes y borracheras.
50Vendrá su amo el día que menos espera y a la hora que menos piensa;
51y le arrancará la vida a pedazos, condenándolo a correr la misma suerte que los hipócritas. Allí será el llanto y el crujir de dientes.