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Mateo 17

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1La transfiguración de Jesús. Seis días después, tomó Jesús consigo a Pedro y a los dos hermanos, Santiago y Juan, y los llevó aparte a un alto monte;

2y se transfiguró en su presencia; su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

3Y se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él.

4Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: Señor, mejor es que nos quedemos aquí. Si, pues, lo deseas, yo levantaré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

5Aún estaba hablando, cuando los envolvió una brillante nube, de la que salió una voz que dijo: Este es mi Hijo muy amado, en quien he puesto mis complacencias; a él tenéis que escuchar.

6Al oír estas palabras, los discípulos cayeron sobre sus rostros sobrecogidos de espanto.

7Pero Jesús se llegó a ellos y, tocándolos con la mano, les dijo: Levantaos; no tengáis miedo.

8Alzaron la vista y no vieron sino a Jesús. Venida de Elías.

9Según iban bajando del monte, les dio Jesús esta orden: A nadie deis a conocer esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

10Y los discípulos le preguntaron: ¿Cómo es, pues, que dicen los escribas que primero tiene que venir el profeta Elías?

11Respondióles Jesús: Elías cierto que vendrá para poner todas las cosas en orden.

12Pero yo os digo que Elías vino ya; y en vez de reconocerlo lo trataron como les dio la gana. De la misma manera tendrá que padecer el Hijo del hombre de parte de ellos.

13Los discípulos se dieron cuenta entonces de que les había hablado de Juan Bautista. Jesús cura a un epiléptico.

14Cuando llegaron a donde estaba la gente, se acercó a Jesús un hombre que, doblando la rodilla,

15le dijo: Señor, ten compasión de mi hijo, que está lunático y se encuentra muy mal. Se tira muchísimas veces lo mismo al fuego que al agua.

16Lo he presentado a tus discípulos y no lo han podido curar.

17Tomó Jesús la palabra y exclamó: ¡Oh raza incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo voy a tener que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os voy a tener que soportar? Traédmelo acá.

18Y Jesús increpó ásperamente al demonio, que salió del niño; éste quedó curado de su mal en aquel mismo instante. Poder del ayuno y de la oración.

19Se acercaron luego los discípulos a Jesús para preguntarle aparte: ¿Por qué no hemos podido nosotros arrojarlo?

20Por vuestra falta de fe, les respondió Jesús. Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, y dijeseis a este monte: Vete de aquí a otro sitio, os aseguro que se iría y que nada os sería imposible.

21[Esta clase de demonios no se arroja sino a fuerza de oración y de ayuno.] Segundo anuncio de la pasión y resurrección de Jesús.

22Mientras andaban juntos por Galilea, díjoles Jesús: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores,

23le darán muerte; pero al tercer día resucitará. Y quedaron sumidos en profunda tristeza. Jesús paga la contribución del templo.

24Luego que llegaron a Cafarnaum, se presentaron a Pedro los que iban cobrando la didracma anual por el templo y le preguntaron: ¿Vuestro maestro no paga la didracma?

25Sí, les respondió. Y cuando iba a entrar en casa, le salió Jesús al encuentro y le preguntó: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran impuestos y tributos? ¿De sus propios hijos o de los extraños?

26Y, habiéndole respondido que de los extraños, añadió Jesús: Por lo tanto, los hijos están libres de impuestos.

27Mas para no darles motivo de escándalo, vete al mar y echa el anzuelo; tomas en tus manos el primer pez que caiga y le abres la boca; hallarás una estatera; tómala y págales por mí y por ti.

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