Mateo 12
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Las espigas arrancadas en sábado. En una ocasión iba Jesús de camino por los sembrados en día de sábado y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas y a comérselas porque tenían hambre.
2Los fariseos, al advertirlo, se lo echaron en cara: Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado.
3Pero él les contestó: ¿No habéis leído lo que hicieron David y los que le acompañaban, en cierta ocasión en que tenían hambre?
4¿Cómo entró él en la casa de Dios y comieron los panes de la proposición? ¡Y eso que ni él ni los suyos, sino sólo los sacerdotes, podían comerlos!
5¿Tampoco habéis leído en la ley que los sacerdotes quebrantan en el templo el descanso del sábado y no cometen pecado?
6Pues yo os advierto que hay aquí uno que es superior al mismo templo.
7Si hubieseis comprendido bien lo que quiere decir: Misericordia quiero y no sacrificios, no habríais juzgado mal de los que no han cometido pecado alguno.
8Sabed que el Hijo del hombre es dueño del sábado. Jesús cura la mano seca en sábado.
9Y partiendo de allí, entró en la sinagoga;
10y se encontró con un hombre que tenía una mano seca. Como buscaban un motivo para poder acusarlo, le preguntaron: ¿Se puede curar en sábado?
11Y Jesús respondió: ¿Hay entre vosotros alguno que, no teniendo más que una oveja, no vaya en sábado a sacarla del pozo donde había caído?
12Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Así que se puede hacer una obra buena en sábado.
13Entonces mandó a aquel hombre que estirara su mano. Y la estiró y se le quedó sana como la otra. Conciliábulo de los fariseos.
14Y los fariseos se salieron y se reunieron en consejo para tramar el modo de hacerlo perecer.
15Jesús, al saberlo, se alejó de allí. Le siguió mucha gente y él devolvió la salud a todos,
16pero encargándoles severamente que no lo diesen a conocer. La mansedumbre del Mesías predicha por el profeta.
17Así se cumplió lo anunciado por el profeta Isaías:
18Mirad a mi siervo, mi elegido, mi bien amado, en quien se complace mi alma. Haré posar mi espíritu sobre él y dará a conocer mi ley a los paganos.
19No porfiará ni gritará; nadie oirá su voz en las plazas.
20No quebrará la caña cascada ni apagará la mecha que humea todavía, hasta que por fin haga triunfar la doctrina de la verdad.
21Y en su nombre pondrán los gentiles su esperanza. Curación del endemoniado ciego y mudo.
22En una ocasión le presentaron un endemoniado, ciego y mudo, y lo curó, de manera que podía hablar y ver.
23Y toda la gente, llena de entusiasmo y admiración, se preguntaba: ¿No será éste el Hijo de David? Jesús refuta la calumnia de los fariseos.
24Pero los fariseos, cuando se enteraron de esto, replicaron: Este no arroja los demonios sino por arte de Beelzebul, que es el jefe de todos ellos.
25Jesús, que penetraba sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido en facciones enemigas va a la ruina, y toda ciudad o casa dividida en bandos no podrá mantenerse en pie.
26Si Satanás echa fuera a Satanás, está en guerra consigo mismo; ¿cómo, pues, se va a mantener su reino en pie?
27Y si yo arrojo los demonios por arte de Beelzebul, ¿por arte de quién los arrojan vuestros discípulos? Así que ellos os decidirán la cuestión.
28Pero, si es verdad que yo arrojo los demonios por el espíritu de Dios, señal de que ha llegado a vosotros el reino de Dios.
29Pues, ¿cómo va a entrar uno en la casa de un hombre valiente a robar sus riquezas, si primero no lo encadena? Sólo entonces podrá saquear su casa.
30Quien no está conmigo, está contra mí; y quien conmigo no recoge, desparrama. Gravedad de la blasfemia contra el espíritu santo.
31Por eso os digo: Se perdonará a los hombres cualquier pecado o blasfemia; pero la blasfemia contra el espíritu no se les perdonará.
32Quien hablare contra el Hijo del hombre, podrá obtener perdón; pero quien hablare contra el espíritu santo, no lo obtendrá ni en este mundo ni en el otro.
33Suponed un árbol bueno y su fruto será bueno. O suponed un árbol malo, y su fruto será malo; pues por el fruto se conoce el árbol.
34¡Raza de víboras! ¿Cómo vais a poder hablar cosa buena, siendo como sois malos? La boca habla de lo que rebosa el corazón.
35El hombre bueno saca lo bueno del tesoro que posee de bondad, pero el hombre malo saca lo malo del acopio que tiene de maldad.
36Y yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres tendrán que dar cuenta el día del juicio.
37Porque por tus palabras serás declarado inocente y por tus palabras serás condenado. Amenazas contra los enemigos de Jesús. Jonás.
38Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos diciendo: Maestro, queremos ver una señal de parte tuya.
39Esta raza perversa y adúltera, respondió Jesús, pide una señal; pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás.
40Porque, como estuvo Jonás en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el seno de la tierra.
41Los habitantes de Nínive resucitarán junto con esta raza en el día del juicio y la condenarán, pues ellos por la sola predicación de Jonás se arrepintieron. Y mirad, aquí tenéis uno que es mayor que Jonás.
42La reina del mediodía resucitará junto con esta raza en el día del juicio y la condenará; pues de los últimos confines de la tierra vino ella a escuchar la sabiduría de Salomón. Y mirad, aquí tenéis uno que es mayor que Salomón. Parábola del poseso que se libera y que recae.
43Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, anda por los desiertos buscando lugar de reposo; pero no lo halla.
44Por fin exclama: Voy a volver a la casa de donde he salido. Y, al llegar, la encuentra desocupada y barrida y toda puesta en orden.
45Entonces marcha a tomar consigo otros siete espíritus peores que él y entran para establecerse allí. Con esto la situación final de aquel hombre viene a ser peor que la anterior. Así sucederá también a esta raza perversa. La verdadera familia de Jesús.
46Todavía estaba hablando a la gente, cuando se presentaron su madre y sus hermanos, que se quedaron fuera y querían hablar con él.
47Alguien le pasó este aviso: Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo.
48Y él respondió al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
49Y, extendiendo su mano sobre sus discípulos, exclamó: Estos son mi madre y mis hermanos.
50Porque todo aquel que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, será mi hermano y mi hermana y mi madre.