Mateo 10
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Poderes dados por Jesús a los apóstoles. Sus nombres. Y Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio poder de arrojar a los espíritus impuros y de curar todas las enfermedades y todas las dolencias.
2Estos son los nombres de los doce apóstoles: El primero Simón, llamado también Pedro, y Andrés, hermano suyo; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, su hermano;
3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo; y Tadeo;
4Simón, el cananeo; y Judas Iscariote, que lo entregó a la muerte. Misión de los apóstoles. Instrucciones que les da Jesús.
5Jesús envió a estos doce a predicar, después de haberles dado estas instrucciones: No vayáis a tierra de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos,
6sino dirigíos a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
7Id y predicad, anunciando que se acerca el reino de los cielos.
8Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, dejad limpios a los leprosos, arrojad a los demonios; dad de balde lo que de balde habéis recibido.
9No os procuréis oro ni plata ni cobre en vuestro cinto.
10Ni alforja para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bastón; porque ya tiene el trabajador derecho a su sustento.
11En cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos de qué persona hay en ella digna de confianza y quedaos allí hasta vuestra partida.
12Y, a l entrar en la casa, saludadles deseándoles paz.
13Y, si la casa lo merece, venga sobre ella vuestra paz; pero si no, vuelva vuestra paz a vosotros.
14Si no os reciben o no prestan atención a vuestras palabras, salid de aquella casa o de aquella ciudad sacudiendo el polvo de vuestros pies.
15Os aseguro que el día del juicio habrá menos rigor para la gente de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad. Instrucciones de Jesús para misiones futuras.
16Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, astutos como serpientes y sencillos como palomas.
17No os fiéis de los hombres, porque os citarán ante los tribunales del sanedrín y os azotarán en sus sinagogas.
18Por mi causa os llevarán ante los gobernadores y reyes para declarar en su presencia y en presencia de los gentiles.
19Cuando os hagan comparecer, no os apuréis por lo que tengáis que responder; ya os inspirará Dios entonces las palabras que tengáis que decir.
20No seréis vosotros los que habléis; el espíritu de vuestro Padre hablará en vosotros.
21El hermano entregará al hermano a la muerte; el padre al hijo y los hijos se levantarán contra los padres para hacerlos condenar a la última pena.
22Por mi causa seréis de todos aborrecidos; pero el que persevere hasta el fin se salvará.
23Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Estad seguros de que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel hasta la venida del Hijo del hombre. Valor en la persecución.
24No es el discípulo más que el maestro ni el esclavo más que su señor.
25Le basta al discípulo estar al mismo nivel de su maestro y al esclavo al mismo de su señor. Si al señor de la casa motejaron de Beelzebul, ¿qué no dirán de sus familiares?
26No les tengáis miedo; no hay nada oculto que no se haya de descubrir ni secreto que no se haya de conocer.
27Lo que os digo en la oscuridad, enseñadlo a plena luz; y lo que os confío al oído, pregonadlo de lo alto de los terrados.
28No tengáis miedo a los que matan el cuerpo y no tienen poder para matar el alma; temed más bien a aquel que puede hacer perecer cuerpo y alma en el infierno.
29¿No se venden los pajaritos a unos céntimos el par? Y, sin embargo, ni uno de ellos ha de caer a tierra si no es con la anuencia de vuestro Padre.
30Y por lo que mira a vosotros, ¡no hay un pelo de vuestra cabeza que no esté contado!
31Estad, pues, sin temor; que bien valéis más que toda una bandada de pajaritos.
32A todo aquel que me reconozca ante los hombres, reconoceré yo también ante mi Padre que está en los cielos.
33Y a todo aquel que rehúse reconocerme ante los hombres, me negaré a mi vez a reconocerlo ante mi Padre celestial. Seguir a Cristo por encima de todo.
34No creáis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino guerra.
35Porque he venido a poner discordia entre el hijo y su padre, entre la hija y su madre, entre la nuera y su suegra;
36de modo que tendrá cada uno por enemigos a la gente de su propia casa.
37El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
38Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.
39Quien quiera conservar su vida, la perderá; y quien por mi causa la perdiere, la encontrará. Recompensa de la acogida cordial.
40El que a vosotros recibe, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, recibe a aquel que me ha enviado.
41Quien acoge a un enviado de Dios por ser tal, tendrá la misma recompensa que se da al enviado de Dios; y quien acoge a un justo por ser justo, tendrá la misma recompensa que se da al justo.
42Y quien da de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeñuelos por ser discípulo mío, os aseguro que no quedará sin recompensa.