Marcos 3
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Jesús cura en día de sábado al hombre de la mano seca. Entró otra vez en la sinagoga y había allí un hombre que tenía la mano seca.
2Y le estaban espiando a ver si lo curaba en sábado para poder presentar una acusación contra él.
3Dijo entonces al hombre de la mano seca: Levántate y sal al medio.
4Y les dirigió esta pregunta: En sábado ¿se debe hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o destruirla? Pero ellos no despegaban los labios.
5Entonces, dirigiéndoles una mirada de indignación, vivamente apenado por su insensibilidad moral, dijo al enfermo: Extiende tu mano. El la extendió y se le quedó curada.
6Y los fariseos salieron fuera y se concertaron con los partidarios de Herodes para hacer desaparecer a Jesús.
7Numerosas curaciones junto al mar de Galilea. Jesús se retiró con sus discípulos hacia la orilla del mar, y allá le fue siguiendo una enorme multitud de Galilea. Y también muchísima gente de Judea,
8y de Jerusalén, de Idumea, de Perea y de los alrededores de Tiro y de Sidón acudió allá a enterarse de las maravillas que obraba.
9Mandó entonces a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca para librarse de la muchedumbre que lo estrujaba;
10porque, como curaba a muchos, todos los que tenían algún mal se precipitaban sobre él para tocarlo.
11Y los poseídos de espíritus impuros, cuando lo veían, venían a arrojarse a sus pies, gritando: Tú eres el Hijo de Dios.
12Pero Jesús les mandaba con toda severidad que no lo diesen a conocer.
13Elección de los doce apóstoles. Subiendo después a una montaña, llamó a los que le pareció bien; y, una vez que acudieron al lugar donde estaba,
14escogió a doce para tenerlos en su compañía y para enviarlos a predicar
15con poder de arrojar a los demonios.
16Designó, pues, a estos doce: a Simón, a quien puso el sobrenombre de Pedro,
17a Santiago, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno;
18a Andrés y a Felipe; a Bartolomé y a Mateo; a Tomás, y a Santiago, el hijo de Alfeo; a Tadeo, y a Simón el Cananeo;
19y a Judas Iscariote, que fue quien le entregó.
20Jesús y los suyos. Y, llegado que hubo a casa, se juntó de nuevo tanta gente que no les dejaban ni sentarse a la mesa para comer.
21Habiéndose enterado de esto sus familiares, vinieron a recogerlo, porque se decía que era un exaltado.
22Calumnia de los escribas o blasfemia contra el espíritu santo. Y los escribas que habían bajado de Jerusalén afirmaban que estaba poseído de Beelzebul, y que si arrojaba a los demonios, era porque se entendía con el jefe de todos ellos.
23Jesús los llamó a donde estaba, y por medio de comparaciones les hizo ver que no puede Satanás echar fuera a Satanás.
24Porque no puede subsistir un reino que esté dividido en facciones enemigas;
25ni puede durar una familia en cuyo seno anide la discordia.
26Si, pues, Satanás se alza contra sí mismo y se encuentra dividido, es señal de que no podrá sostenerse y que está para perecer.
27Nadie puede entrar en la casa de un hombre valiente y arrebatarle sus bienes, si primero no lo encadena. Una vez hecho esto, sí que podrá saquear su casa.
28Os aseguro que se perdonarán a los hombres todos los pecados y blasfemias que profieran;
29pero el que blasfemare contra el espíritu santo no obtendrá jamás perdón y quedará para siempre con la culpabilidad de su pecado.
30Ellos habían dicho que estaba poseído del espíritu impuro.
31La verdadera familia de Jesús. Y vinieron su madre y sus familiares; y, quedándose fuera, le mandaron llamar, enviándole un recado.
32Había gente sentada en su alrededor y le dijeron: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.
33Jesús les respondió: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?
34Y, dirigiendo una mirada sobre los que estaban sentados a su alrededor, exclamó: Mirad, éstos son mi madre y mis hermanos.
35El que hace la voluntad de Dios es mi hermano y hermana y mi madre.