Lucas 4
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Las tentaciones mesiánicas de Jesús en el desierto. Jesús, lleno del espíritu santo, volvió de las orillas del Jordán; y, bajo la acción del espíritu, pasó cuarenta días en el desierto,
2siendo allí tentado por el demonio. No comió nada en aquellos días; y, una vez que hubieron transcurrido, sintió hambre.
3Díjole el demonio: Si realmente eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.
4Dice la escritura, le replicó Jesús, que no sólo de pan vivirá el hombre.
5Después el demonio lo condujo a una altura; y en un instante le hizo ver todos los reinos del mundo.
6Al mismo tiempo le decía: Todo este imperio con todo su esplendor y brillo pondré yo en tus manos. Porque todo está en mi poder y lo doy a quien quiero.
7Así que, adórame que todo será tuyo.
8Le replicó Jesús: Dice la escritura: Adorarás al Señor tu Dios, y sólo a él darás culto.
9Lo condujo luego a Jerusalén, lo puso encima del pináculo del templo y le dijo: Si realmente eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo.
10Porque dice la escritura: Dará orden a sus ángeles de que te protejan con todo cuidado.
11Y además: Te llevarán ellos en sus manos para que no tropiece tu pie contra piedra alguna.
12Le respondió Jesús: Dice la escritura: No tentarás al Señor tu Dios.
13Con esto, una vez que dio por terminada toda clase de tentación, el demonio se alejó hasta el tiempo oportuno.
14III. Ministerio mesiánico de Jesús en Galilea (4,14-9,50) /par Jesús en las sinagogas de Galilea. /par Volvió Jesús por el poder del espíritu a Galilea, y su fama se extendió por todas las regiones circunvecinas.
15Y con gran aplauso de todos enseñaba en las sinagogas de los judíos. /par
16Jesús en la sinagoga de Nazaret. Llegado a Nazaret, ciudad donde se había criado, entró según su costumbre en la sinagoga en día de sábado, y se levantó a hacer la lectura.
17Pusieron en sus manos el rollo del profeta Isaías; y, al desenrollarlo, dio con el pasaje en que está escrito: /par
18El espíritu del Señor está sobre mí. /par Por eso me consagró con su unción. /par Me envió a evangelizar a los pobres, /par a predicar la libertad a los cautivos /par y a brindar la recuperación de la vista a los ciegos; /par a poner en libertad a los oprimidos /par
19y a proclamar el año de gracia del Señor. /par
20Enrollado luego el rollo, lo entregó al ministro de la sinagoga y se sentó. Los ojos de todos los que estaban presentes estaban clavados en él.
21Y comenzó con estas palabras: Hoy tiene su cumplimiento ante vuestros ojos este pasaje de la escritura.
22Todos se hacían lenguas de él y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que brotaban de sus labios; pero decían: ¿No es éste el hijo de José?
23Respondióles Jesús: Seguro que me aplicaréis aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo. Todo cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaum, hazlo también aquí en tu propio pueblo.
24Y continuó: Tened por cierto que ningún profeta es bien recibido en su patria.
25Os digo con toda verdad: muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando estuvo el cielo sin llover por tres años y seis meses, y se dejó sentir una gran hambre;
26pero a ninguna de ellas envió Dios a Elías, sino a la viuda que vivía en Sarepta de Sidón.
27Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos obtuvo la curación, sino Naamán, el de Siria.
28Al escuchar aquellas palabras, se llenaron de indignación todos los que estaban en la sinagoga;
29a viva fuerza lo sacaron fuera de la ciudad y lo llevaron a lo más alto de la colina sobre la que estaba edificada, con ánimo de precipitarlo de allí.
30Pero Jesús, atravesando por medio de ellos, siguió su camino. /par
31Jesús en la sinagoga de Cafarnaum. Y bajó a Cafarnaum, ciudad de Galilea. Un día de sábado les dirigió la instrucción,
32y quedaron asombrados de la manera que tenía de enseñar, porque sus palabras salían revestidas de poder y autoridad.
33Había en la sinagoga un hombre, poseído de un demonio impuro, que empezó a gritar a grandes voces:
34¡Quita de ahí! No queremos nada contigo, Jesús Nazareno. ¿Has venido acaso a acabar con nosotros? Ya sé quién eres, oh santo de Dios.
35Jesús se dirigió a él en tono amenazador con estas palabras: Cállate y sal de él. Y el demonio, derribando en tierra al poseso en presencia de todos, salió de él sin hacerle daño alguno.
36Se llenaron todos de estupor y lo comentaban entre sí, diciéndose unos a otros: ¿Qué palabras son éstas que tienen poder y autoridad para mandar a los espíritus impuros y hacerlos salir?
37Con esto se divulgó su fama por toda aquella comarca. /par
38Jesús cura a la suegra de Pedro. Después de haber salido de la sinagoga, entró Jesús en casa de Simón. Hallábase la suegra de éste con una gran calentura y pidieron a Jesús que la curara.
39El se inclinó hacia ella, conminó a la fiebre a que la dejara y la fiebre desapareció. Al momento se levantó ella y se puso a servirles. /par
40Nuevas curaciones. Cuando ya se ponía el sol, todos los que tenían enfermos con cualquier clase de dolencias los iban trayendo a su presencia; y Jesús, con sólo imponer a cada uno las manos, les devolvía la salud.
41También los demonios salían de muchos, dando alaridos y gritando: Tú eres el Hijo de Dios. Y les amenazaba con toda severidad y no les dejaba hablar, porque sabían que era el Mesías. /par
42Jesús abandona Cafarnaum y recorre Judea. Luego que fue de día, salió para dirigirse a un lugar desierto. La gente le anduvo buscando; y, una vez que lo encontraron, quisieron retenerlo consigo;
43pero él les dijo: También tengo que evangelizar el reino de Dios a las demás ciudades, porque ésa es mi misión.
44Y así anduvo predicando por las sinagogas de Judea.