Juan 6
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›14º) La Pascua del pan de vida (6,1-71) «Señales» dadas por Jesús: Multiplicación de los panes y de los peces. Después de esto Jesús pasó al otro lado del mar de Galilea, por otro nombre de Tiberíades.
2Y le iba siguiendo un gran multitud de gente, porque veían las señales que daba curando a los enfermos.
3Y subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
4Ya estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Levantando, pues, Jesús los ojos y viendo que venía a él una gran multitud, preguntó a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coma toda esta gente?
6Pero esto lo decía para ponerle una prueba, porque bien sabía él lo que iba a hacer.
7Felipe le respondió: No bastan doscientos denarios de pan para que tome cada uno un bocado.
8Intervino uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, quien dijo:
9Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tanta gente?
10Díjoles entonces Jesús: Haced que se acomoden en el suelo. Había en aquel sitio mucha hierba verde. Y la gente, en número de unos cinco mil hombres, se acomodó en el suelo.
11Tomó entonces Jesús los panes; y, después de haber dado gracias, los repartió entre los que estaban recostados en el suelo; e hizo otro tanto con los peces, dándoles cuanto querían.
12Cuando ya quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos: Recoged los mendrugos que han sobrado para que no se pierda nada.
13Recogiéronlos y llenaron doce cestos con los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada.
14La gente, viendo la señal que Jesús había dado, comenzó a decir: Este es ciertamente el profeta que ha de venir al mundo.
15Jesús se retira al monte. Pero Jesús, conociendo que vendrían a llevárselo por fuerza para declararlo rey, se retiró otra vez al monte, sin que nadie lo acompañase.
16Jesús camina por encima del agua. Llegada la tarde, sus discípulos bajaron a la orilla del mar;
17y, metiéndose en una barca, fueron navegando hacia la otra parte del mar, en dirección a Cafarnaum. Había cerrado ya la noche, y Jesús no se había reunido todavía con ellos.
18Mientras tanto el mar se había alborotado por el fuerte viento que soplaba.
19Ya habían adelantado como unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que, caminando por encima del agua, se aproximaba a la barca. Y se llenaron de espanto.
20Pero él les dijo: Soy yo, no tengáis miedo.
21Quisieron recogerlo dentro de la barca; pero ya al momento se encontró la barca en la orilla adonde se dirigían.
22Al día siguiente la multitud, que se había quedado en la orilla opuesta, se dio cuenta de que Jesús no se había metido con sus discípulos en la única barca que había, sino que éstos habían partido solos.
23Entretanto llegaron de Tiberíades en otras barcas hasta cerca del sitio donde habían comido el pan, después de la acción de gracias al Señor.
24Y la gente, al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se metió también en las barcas y regresó a Cafarnaum en busca de Jesús.
25Una vez que en esta orilla dieron con él, le preguntaron: Maestro, ¿cuándo has llegado acá?
26Discurso del pan de vida Los judíos piden a Jesús el verdadero pan. Este será dado por el Padre. Tomó Jesús la palabra y les dijo: Os aseguro muy de veras: Vosotros me andáis buscando, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido pan hasta hartaros.
27Trabajad por conseguir, no el alimento perecedero, sino el alimento que permanece y procura vida eterna: el que os dará el Hijo del hombre, toda vez que el Padre, Dios, lo ha acreditado.
28Preguntáronle entonces: ¿Qué tenemos que hacer para hacer las obras de Dios?
29Esta es la obra de Dios, les respondió Jesús: que creáis plenamente en aquel que él ha enviado.
30Le replicaron ellos: ¿Y qué señal nos das tú, para que viéndola te demos fe? ¿Qué obras haces?
31Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la escritura: Pan del cielo les dio a comer.
32Jesús les respondió: Os lo digo con toda verdad: Moisés no os dio el pan del cielo; mi Padre sí que os da el pan del cielo, el verdadero pan.
33Porque el pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
34Señor, le dijeron, danos siempre ese pan.
35Jesús, pan del cielo enviado por el Padre: hay que creer en él. Jesús les respondió: Yo soy el pan de vida; el que a mí venga, no tendrá más hambre; y el que en mí crea, jamás tendrá sed.
36(Sin embargo vosotros, como ya os lo he dicho, a pesar de verme, no creéis.)
37Todos los que el Padre me ha dado, vendrán a mí, y a los que vengan a mí no desecharé.
38Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino para cumplir la voluntad de aquel que me ha enviado.
39Y la voluntad de aquel que me ha enviado es ésta: Que no deje yo perecer a nadie de cuantos me ha dado, sino que los resucite en el último día.
40Y la voluntad de mi Padre es ésta: Que todo el que vea al Hijo y crea plenamente en él, tenga vida eterna; y que yo lo resucite en el último día.
41Murmuraban, pues, los judíos de él, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo.
42Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿Acaso no conocemos bien a su padre y a su madre? ¿Cómo puede decir ahora: Yo he bajado del cielo?
43Jesús les respondió: No andéis murmurando entre vosotros.
44Nadie puede venir a mí, si no es traído por el Padre que me ha enviado. Yo lo resucitaré en el último día.
45Está escrito en el libro de los profetas: Todos tendrán por maestro al mismo Dios. Todos los que escuchan al Padre y se dejan instruir por él, vienen a mí.
46No quiero decir que alguno haya visto al Padre; sólo el que ha venido de parte de Dios ha visto al Padre.
47Os lo aseguro con toda verdad: El que cree, tiene vida eterna.
48Jesús, pan de vida dado por el Padre: hay que comer su carne y beber su sangre. Yo soy el pan de vida.
49Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto y murieron.
50Este es el pan que baja del cielo para que quien lo coma, no muera.
51Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Todo el que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar es mi carne ofrecida por la vida del mundo.
52Disputaban los judíos entre sí, preguntándose: ¿Cómo va a poder éste darnos a comer su carne?
53Pero Jesús recalcó: Os aseguro con toda verdad: Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el último día.
55Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí; y yo en él.
57Así como el padre que me envió posee la vida y yo vivo por el Padre, de la misma manera quien me come vivirá por mí.
58Este es el pan que ha bajado del cielo. No es como el que comieron vuestros antepasados. Ellos murieron. El que coma este pan vivirá eternamente.
59Jesús, pan eucarístico, revela su ascensión gloriosa. Todo esto lo dijo enseñando públicamente en Cafarnaum.
60Muchos de sus discípulos, oído este discurso, exclamaron: ¡Duras son estas palabras! ¿Quién es capaz de aceptarlas?
61Adivinando Jesús que murmuraban de ello sus discípulos, les interpeló: ¿Esto os escandaliza?
62¡Pues si vierais al Hijo del hombre subiendo allá donde estaba antes...!
63El espíritu es el que da vida; la carne no vale nada. Las palabras que acabo de deciros, son espíritu y son vida.
64Pero hay entre vosotros quienes no creen. En efecto, ya desde un principio sabía Jesús quiénes eran los que no creían y quién era el que lo había de entregar a la muerte.
65Y añadió: Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no le concede esa gracia.
66Efectos del discurso del pan de vida. Desde entonces muchos de sus discípulos dejaron de seguirle y ya no se juntaban con él.
67E interpeló Jesús a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos?
68Respondióle Simón Pedro: Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios.
70Jesús repuso: ¿No os he escogido yo a todos los doce? Y con todo uno de vosotros es un demonio.
71Lo decía por Judas, hijo de Simón Iscariote, quien, a pesar de ser uno de los doce, lo había de entregar a la muerte.