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Hechos 7

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Discurso de Esteban: Epoca de los patriarcas. El sumo sacerdote le preguntó: ¿Es verdad lo que éstos dicen?

2Hermanos y padres, contestó él; escuchad. El Dios de la gloria se apareció a nuestro Padre Abraham cuando vivía en Mesopotamia, antes de establecerse en Harán,

3y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela; y vete a la tierra que yo te indicaré.

4Salió entonces del país de los caldeos y se estableció en Harán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra que vosotros habitáis ahora.

5Y no le dio propiedad en ella, ni siquiera de un palmo. Eso sí, le hizo promesa de darla en posesión a él y a su descendencia, cuando no tenía hijos todavía.

6Y le habló Dios así: Tus descendientes vivirán en tierra extranjera; y serán reducidos a esclavitud y maltratados por espacio de cuatrocientos años,

7pero al pueblo que los va a esclavizar, yo pediré cuentas, palabra de Dios. Después de esto, saldrán en libertad y me darán culto en este lugar.

8Luego hizo un pacto con él, pacto que selló con la circuncisión. De esta manera llegó a ser Abraham padre de Isaac, a quien circuncidó al octavo día; e Isaac de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas.

9Los patriarcas, por pura envidia, vendieron a José como esclavo con destino a Egipto; pero Dios, que estaba con él,

10lo libró de todas las tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría ante el Faraón, rey de Egipto. Este lo constituyó gobernador de Egipto y de toda su casa.

11Luego en todo Egipto y en Canaán sobrevino un hambre y una miseria tan grande que nuestros padres no encontraban provisión alguna.

12Habiéndose enterado Jacob de que había trigo en Egipto, envió allá a nuestros padres. Era su primer viaje.

13En el segundo, José se dio a conocer a sus hermanos; y así el Faraón llegó a tener conocimiento de su linaje.

14José hizo venir a su padre, Jacob, con toda su familia; eran setenta y cinco personas en total;

15y bajó Jacob a Egipto. Allí murieron él y nuestros padres.

16Y los trasladaron a Siquem y los depositaron en el sepulcro que Abraham había comprado a precio de plata a los hijos de Emor en Siquem.

17Discurso de Esteban: Epoca de Moisés. Según se acercaba el tiempo del cumplimiento de la promesa hecha por Dios a Abraham, el pueblo iba creciendo y multiplicándose en Egipto;

18hasta que sobrevino allí un rey que no había conocido a José.

19Este rey, echando mano de malas artes contra nuestro pueblo, tiranizó a nuestros padres, hasta el punto de obligarles a exponer sus hijos para que no sobreviviese ninguno.

20En estas circunstancias nació Moisés. Era un hermosísimo niño, que fue criado durante tres meses en la casa paterna.

21Habiendo sido también expuesto, fue recogido por la hija del Faraón, quien le hizo criar como si fuese hijo suyo.

22Así Moisés fue instruido en todas las ciencias de los egipcios, y adquirió mucha influencia por sus palabras y por su actuación.

23Cuando hubo cumplido los cuarenta años, sintió deseos de visitar a sus hermanos, los israelitas.

24Y, viendo a uno maltratado, acudió en su defensa; y le vengó, matando al egipcio.

25Creía él que sus hermanos caerían en la cuenta de que por su mano Dios les brindaba la salud; pero ellos no lo entendieron.

26Al día siguiente sorprendió a dos riñendo, y quiso ponerlos en paz, diciéndoles: Amigos míos, sois hermanos. ¿Por qué os hacéis daño el uno al otro?

27Pero, el que maltrataba a su prójimo, apartó de sí con violencia a Moisés, diciéndole: ¿Quién te ha puesto jefe y juez sobre nosotros?

28¿Quieres acaso matarme como mataste ayer al egipcio?

29Ante estas palabras Moisés huyó, y vivió como extranjero en la tierra de Madián, donde tuvo dos hijos.

30Transcurridos cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí en medio de una zarza que estaba ardiendo.

31Maravillóse Moisés al ver la visión; y como se acercase para verla mejor, oyó la voz del Señor:

32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Sobrecogido de espanto, Moisés no se atrevía a mirar.

33Y díjole el Señor: Quítate el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.

34He visto muy bien la opresión de mi pueblo, que está en Egipto; he oído sus lamentos y he bajado a librarlos. Ven, pues, que voy a enviarte a Egipto.

35Este mismo Moisés, que había sido rechazado con estas palabras: ¿Quién te ha hecho jefe y juez? este mismo fue enviado por Dios como jefe y libertador, ayudado por el ángel que se le apareció en la zarza.

36El los sacó de la esclavitud, obrando señales y prodigios en la tierra de Egipto, en el mar Rojo, y en el desierto por espacio de cuarenta años.

37Este es Moisés, el mismo que dijo a los israelitas: Dios suscitará para vuestra salud de entre vuestros hermanos a un profeta, como me ha suscitado a mí.

38Este es Moisés, el que en la asamblea reunida en el desierto hizo de intermediario entre el ángel, que le hablaba en el monte Sinaí, y nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicároslas a vosotros.

39Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron, volviendo sus pensamientos a Egipto

40y diciendo a Aarón: Haznos dioses que guíen nuestra marcha. No sabemos qué se ha hecho de ese Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto.

41Fabricaron luego un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, festejando la obra de sus manos.

42Dios se apartó de ellos y los abandonó al culto de los astros. Así está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis acaso víctimas y sacrificios durante cuarenta años por el desierto, pueblo de Israel?

43No. Sino que os llevasteis con vosotros el tabernáculo de Moloc y la estrella del dios Refán, ídolos fabricados por vosotros mismos para darles culto. Por eso yo os voy a llevar más allá de Babilonia.

44Nuestros padres tuvieron consigo en el desierto el tabernáculo del testimonio. Así lo había dispuesto el que mandó a Moisés fabricarlo según el modelo que le había mostrado.

45Nuestros padres lo recibieron en herencia, y lo introdujeron bajo Josué en la tierra que ocupaban los gentiles. A éstos arrojó Dios para dar lugar a nuestros padres. Y así hasta los días de David.

46Discurso de Esteban: Epoca de David y Salomón. David halló gracia a los ojos de Dios. Pidió el privilegio de construir morada para el Dios de Jacob;

47pero fue Salomón quien se la edificó.

48Y eso que el Altísimo no habita en casas construidas por los hombres. Así dice el profeta:

49El cielo es mi trono, y la tierra es escabel de mis pies. ¿Qué casa me vais a construir, dice el Señor, o qué lugar va a ser el de mi morada?

50¿No soy yo quien ha hecho todas estas cosas?

51Conclusión del discurso de Esteban ante el sanedrín. Hombres de dura cerviz, que cerráis obstinadamente vuestro entendimiento y vuestro corazón a la verdad. Vosotros habéis ido siempre en contra del Espíritu Santo. Lo mismo que hicieron vuestros padres, hacéis también vosotros.

52¿A qué profeta dejaron de perseguir vuestros padres? Hasta quitaron la vida a los que anunciaban la venida del justo. Vosotros lo habéis ahora entregado a la muerte, y sois unos asesinos.

53Vosotros, que recibisteis la ley por ministerio de los ángeles y no la guardasteis...

54Martirio de Esteban. Saulo. Al escuchar esta diatriba, ardían en furor sus corazones, y en su animosidad rechinaban los dientes de coraje.

55Esteban, por su parte, lleno del Espíritu Santo, con la vista fija en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su diestra;

56y exclamó: Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre a la diestra de Dios.

57Ante estas palabras, con gran gritería se taparon los oídos. Embistieron todos a una contra él;

58y, sacándolo a empellones fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos dejaron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo.

59Mientras lo apedreaban, Esteban oraba con estas palabras: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

60Y, puesto de rodillas, gritó con voz fuerte: Señor, no les imputes este pecado. Y, dicho esto, murió.

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