Hebreos 2
La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT) ›1Exhortación a no descuidar la salud traída por Cristo. Por eso debemos atender con la mayor diligencia a las verdades oídas, para no ir a la deriva.
2Porque, si la palabra promulgada por los ángeles tuvo todas las garantías de validez, hasta el punto de que todo pecado y preterición incurría en justa sanción,
3¿cómo podremos nosotros escapar si descuidamos una tan sublime salud? Esta fue inaugurada por la predicación del Señor, y tiene su verificación en nosotros por medio de quienes la escucharon.
4Y al testimonio de ellos va Dios mismo añadiendo el suyo por señales y prodigios, por variadas obras de poder y por reparticiones que según su voluntad va haciendo del Espíritu Santo.
5Cristo, hermano de los hombres. Y así es en verdad. Dios no sometió a los ángeles el mundo venidero, del cual estamos hablando.
6Ya lo testificó uno en cierto lugar cuando dijo: ¿Quién es el hombre que te acuerdas de él? ¿Quién el hijo del hombre que le miras con consideración?
7Le pusiste un instante más bajo que los ángeles; y de gloria y de honor le coronaste.
8Todo bajo sus pies lo sometiste. En efecto, si le sometió todas las cosas, no dejó nada sin someterlo a él. Al presente no vemos todavía que todo le esté sometido.
9Pero sí vemos a Jesús, a quien Dios puso momentáneamente bajo los ángeles, coronado de gloria y de honor por haber padecido la muerte. Así por amorosa dignación de Dios gustó la muerte en beneficio de todos.
10Conveniencia de la muerte de Jesús en orden a la salud. Era, en efecto, conveniente para Dios, para quien y por quien son todas las cosas, que, queriendo llevar una multitud de hijos a la gloria, consumase en la gloria, haciendo pasar por los sufrimientos, al jefe de la salud de todos ellos.
11El que santifica y los que son santificados tienen todos un mismo origen. Y por esta razón no se sonroja de llamarlos hermanos, diciendo:
12Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Cantaré en la asamblea tus loores.
13Y también: Pondré en él mi confianza. Y por último: Aquí estoy con mis hijos, hijos que Dios me ha dado.
14Así pues, como los hijos comparten carne y sangre, también él entró a participar de las mismas. Así por su muerte reducía a la impotencia al que retenía el imperio de la muerte, es decir, al demonio;
15y libraba a los que por temor a la muerte vivían toda su vida sometidos a esclavitud.
16Como ya sabéis, él no toma naturaleza de ángeles, sino que toma la descendencia de Abraham.
17En consecuencia, debía ser semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser misericordioso y fiel pontífice ante Dios, y para expiar los pecados del pueblo.
18En efecto, por haber sido probado con padecimientos, puede venir en socorro de los que son probados.