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Apocalipsis 18

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1Lamentación sobre Babilonia. Después de esto vi a otro ángel, que bajaba del cielo. Ostentaba un gran poder, y la tierra quedó iluminada por su gloria.

2Clamó con potente voz, diciendo: Cayó, cayó Babilonia, la grande. Quedó convertida en morada de demonios, en guarida de toda clase de espíritus inmundos, en albergue de toda suerte de aves impuras y en cobijo de todo género de animales inmundos y abominables.

3Del vino de su fornicación, del vino de la cólera de Dios, bebieron todas las naciones; con ella fornicaron los reyes de la tierra, y los mercaderes de la tierra se enriquecieron con el derroche de su fastuosidad.

4Oí otra voz del cielo, que decía: Sal de ella, pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados ni tengáis parte en sus plagas.

5Sus pecados se han amontonado hasta llegar al cielo; y Dios se ha acordado de sus iniquidades.

6Tratadla como se ha portado ella, y dadle el doble de lo que sus obras merecen. Vertedle doble en la copa donde ella vertió.

7Según la medida en que se entregó a la ostentación y al placer, dadle otro tanto de tormento y duelo. Ya que dijo en su corazón: Como reina estoy en mi trono, no soy viuda ni experimentaré duelo jamás.

8Por eso vendrán en un solo día sus plagas, la peste, el duelo y el hambre; y será consumida por el fuego, porque poderoso es el Señor, Dios, que la ha juzgado.

9Llorarán, y por ella plañirán los reyes de la tierra, los que con ella fornicaban y se entregaban al lujo y al placer. Cuando vean el humo de su incendio,

10se detendrán a distancia por miedo a su tormento y dirán: ¡Ay, ay de la ciudad grande, de Babilonia, la ciudad poderosa! ¡En una hora ha venido el juicio de Dios contra ti!

11Llorarán y plañirán por ella los mercaderes de la tierra, porque ya nadie comprará sus mercancías:

12Género en oro y en plata, en piedras preciosas y en perlas, en lino y en púrpura, en seda y escarlata; toda clase de madera olorosa; objetos de marfil, de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol;

13canela y amomo; perfumes, mirra e incienso; vino y aceite; flor de harina y trigo; bestias de carga y ovejas; caballos y carros; esclavos y hombres libres.

14Se han ido lejos los frutos sabrosos, que tanto ansiaba tu corazón. Todo lo más precioso y florido se ha perdido para ti; y ya no lo encontrarás jamás.

15Los que con sus mercancías traficaban y se enriquecieron a costa de ella, se detendrán a distancia por miedo a tu tormento; llorarán y se lamentarán;

16y dirán: ¡Ay, ay de la ciudad grande, la que se vestía de lino, púrpura y grana, la que se engalanaba con oro, piedras preciosas y perlas!

17¡En una hora se redujo a la nada tanta opulencia! Todos los pilotos, todos los que se dedican al cabotaje, y las tripulaciones y cuantos bregan en el mar, se detuvieron a lo lejos;

18y clamaron, al ver el humo de su incendio. Dijeron: ¿Qué ciudad podía compararse a la ciudad grande?

19Y arrojaron polvo sobre sus cabezas, y clamaron llorando y lamentándose. Y dijeron: ¡Ay, ay de la ciudad grande! ¡De su opulencia se enriquecieron cuantos tenían naves en el mar! ¡En una hora ha quedado como un desierto!

20Regocijo de los santos por el juicio de Dios contra Babilonia. Regocíjate por ello, tú, cielo. Y también vosotros los santos, los apóstoles, los profetas. Dios os ha hecho justicia contra ellá.

21Entonces un ángel poderoso levantó una piedra, grande como rueda de molino, y la lanzó al mar, diciendo: Con este ímpetu será arrojada Babilonia, la gran ciudad; y no será jamás hallada.

22No se escuchará más en ti música de citaristas, de cantores, de tocadores de flauta y trompeta. Ya no se encontrará más en ti artífice alguno. No se escuchará más el son de la rueda de molino.

23La luz de la lámpara no lucirá más ni el idilio del novio y de la novia se escuchará más en ti.

24Y en ti se encontró la sangre de los profetas y de los santos, la sangre de todos los que han sido d egollados sobre la tierra.

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