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2 Corintios 5

La Buena Noticia - Felipe de Fuenterrabía (NT)

1El ministro del evangelio tiene puesta su esperanza en el cielo. Es cosa que ya sabemos: si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene duración eterna en los cielos.

2Y en nuestra condición presente suspiramos, anhelando sobrevestirnos de aquella nuestra morada celestial,

3dado caso que nos encontremos entonces vestidos y no desnudos.

4Así es en verdad; mientras nos encontramos en este tabernáculo suspiramos agobiados; porque no quisiéramos desvestirnos sino sobrevestirnos para que nuestro ser mortal sea absorbido por la vida.

5Dios mismo nos ha hecho para este fin, él, que nos ha dado las arras, esto es, el espíritu.

6Así que nos mantenemos siempre firmes y confiados, y sabemos que morar en este cuerpo es vivir en el destierro lejos del Señor.

7Y así es. Caminamos por la vía de la fe, no por la de la clara visión.

8Pero nos mantenemos firmes y confiados, y preferimos emigrar de este cuerpo para ir a morar junto al Señor.

9Por eso, sea que permanezcamos en nuestro cuerpo, sea que hayamos salido de él, ponemos toda nuestra voluntad en agradarle.

10Que todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir cada uno según las obras buenas o malas que hizo en su vida mortal.

11Comportamiento de Pablo y principios en que se inspira. Así pues, penetrados de este temor del Señor, tratamos de sincerarnos ante vosotros, que ante Dios bien al descubierto estamos. Yo espero quedar bien de manifiesto también ante vuestras conciencias.

12No es que intentemos de nuevo haceros la recomendación de nosotros mismos. Os estamos dando un motivo de gloriaros de nosotros; así tendréis para responder a los que ponen su gloria en las apariencias y no en el corazón.

13Que si nos hemos portado como faltos de juicio, ha sido por Dios; si ahora somos razonables, es por vuestro bien.

14Sí, la caridad de Cristo nos apremia, convencidos como estamos de que, si uno murió por todos, consiguientemente todos han muerto;

15y murió por todos, para que los que viven, no vivan ya para sí sino para aquel que por ellos murió y resucitó.

16Así que desde ahora nosotros no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y, si conocimos a Cristo con tales criterios, ya ahora no es así.

17De este modo, el que está en Cristo se ha hecho nueva criatura; el antiguo ser ya pasó; ahora ha aparecido el nuevo.

18Todo esto se lo debemos a Dios, que nos ha reconciliado consigo por medio de Cristo, y nos ha confiado el ministerio de esta reconciliación.

19Dios en efecto reconciliaba consigo al mundo por medio de Cristo, no imputaba a los hombres sus delitos, y puso en nuestras manos su mensaje de reconciliación.

20Somos, pues, embajadores de Cristo; es como si Dios exhortase por medio de nosotros. Os rogamos en nombre de Cristo; reconciliaos con Dios.

21A Cristo, que no conoció pecado, hízole Dios pecado por nosotros, a fin de que seamos por él justificación de Dios.

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