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Tobías 12

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Cuando acabaron los festejos de la boda, Tobit llamó a Tobías y le recordó: –Hijo, ya es hora de pagarle lo convenido a tu compañero. Y dale aún más.

2Tobías respondió: –Padre, ¿cuánto le doy? No salgo perdiendo ni aunque le dé la mitad de los bienes que trajo conmigo.

3Me ha guiado sin que me pasara nada malo, sanó a mi mujer, trajo el dinero conmigo y te sanó a ti. ¿Cuánto le doy?

4Tobit dijo: –Hijo, bien se merece la mitad de todo lo que ha traído.

5Así es que lo llamó y le dijo: –Como paga, toma la mitad de todo lo que has traído, y vete en paz.

6Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo: –Bendigan a Dios y proclamen ante todos los vivientes los beneficios que les ha hecho, para que todos canten himnos en su honor. Manifiesten a todos las obras del Señor como él se merece, y nunca dejen de celebrarlo.

7Si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas y proclamarlas como se merecen. Obren bien, y el mal nunca los dañará.

8Vale más la oración sincera y la limosna generosa que la riqueza adquirida injustamente. Vale más hacer limosnas que atesorar dinero.

9La limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosnas gozarán de una larga vida.

10Los pecadores y los malhechores son enemigos de sí mismos.

11Les descubriré toda la verdad sin ocultarles nada. Ya les dije que si el secreto del rey hay que guardarlo, las obras de Dios hay que publicarlas como se merecen.

12Ahora bien, cuando Sara y tú estaban rezando, yo presentaba sus oraciones ante la presencia gloriosa del Señor, para que él las tuviera en cuenta. Lo mismo cuando enterrabas a los muertos.

13Y cuando te levantaste de la mesa sin dudar, y dejaste la comida por ir a enterrar a aquel muerto, Dios me envió para probarte;

14pero me ha enviado de nuevo para sanarte a ti y a tu nuera, Sara.

15Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios y tienen acceso ante el Señor de la gloria.

16Los dos hombres se asustaron y cayeron rostro en tierra, temerosos.

17Rafael les dijo: –No teman. ¡La paz esté con ustedes! Bendigan a Dios eternamente.

18Mi presencia entre ustedes no se ha debido a mí, sino a la voluntad de Dios. Bendíganlo siempre y cántenle himnos.

19Aunque ustedes me veían comer, no comía; era pura apariencia.

20Por eso bendigan al Señor en la tierra, den gracias a Dios. Yo subo ahora al que me envió. Ustedes escriban todo lo que les ha sucedido. El ángel desapareció.

21Cuando se pusieron de pie, ya no lo vieron. Entonces bendijeron y cantaron a Dios, dándole gracias por aquellas maravillas que hizo, porque se les había aparecido un ángel de Dios.

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