Proverbios 6
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Hijo mío, si has salido fiador de tu vecino dando la mano a un extranjero,
2si te has enredado con tus palabras o has quedado atrapado por la boca,
3haz lo siguiente, hijo mío, para librarte, pues saliste responsable por tu vecino, caíste en poder de tu vecino: ve, insiste, acosa a tu vecino,
4no concedas sueño a tus ojos ni reposo a tus pupilas;
5líbrate como gacela del cazador o como pájaro de la trampa.
6Mira a la hormiga, perezoso, observa sus costumbres y aprende;
7aunque no tiene jefe, ni capataz, ni gobernante,
8acumula grano en verano y reúne provisiones durante la cosecha.
9¿Hasta cuándo dormirás, perezoso?, ¿cuándo sacudirás el sueño?
10Un rato duermes, un rato das cabezadas, un rato cruzas los brazos y descansas
11y te llega la pobreza del vagabundo y la miseria del mendigo.
12Un hombre malvado, un individuo perverso, camina contando mentiras,
13guiñando un ojo, sacudiendo los pies, señalando con el dedo;
14en su corazón depravado planea maldades siempre sembrando discordias,
15por eso de repente le llegará la perdición, se quebrará de improviso y sin remedio.
16Seis cosas detesta el Señor y la séptima la aborrece de corazón:
17ojos soberbios, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente,
18corazón que maquina planes malvados, pies que corren para la maldad,
19testigo falso y mentiroso y el que provoca peleas entre hermanos.
20Guarda, hijo mío, los consejos de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre,
21llévalos siempre atados al corazón y cuélgatelos al cuello:
22cuando camines, te guiarán; cuando descanses, te guardarán; cuando despiertes, hablarán contigo.
23Porque el consejo es lámpara y la enseñanza es luz y es camino de vida la instrucción que corrige.
24Te guardarán de la mala mujer, de la lengua seductora de la ramera.
25Que tu corazón no codicie su belleza ni te dejes prender por sus miradas.
26Si la ramera busca un pedazo de pan, la casada anda a la pesca de una vida lujosa.
27¿Podrá uno llevar fuego en el pecho sin que se le queme la ropa?
28¿Podrá uno caminar sobre brasas sin quemarse los pies?
29Pues lo mismo el que se junta con la mujer del prójimo, no quedará sin castigo el que la toque.
30¿No se desprecia al ladrón que roba para calmar su hambre?
31Si lo sorprenden, pagará siete veces más, y aún tendrá que dar toda su fortuna.
32Pues el adúltero es hombre sin juicio, obrando así se arruina a sí mismo:
33recibirá golpes e insultos y su deshonra no se borrará.
34Porque los celos enfurecen al marido y no perdonará el día de la venganza,
35no aceptará ninguna compensación ni la querrá aunque aumentes la oferta.