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Nahúm 3

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1¡Ay de la ciudad sanguinaria y traidora, repleta de rapiñas, insaciable de despojos!

2Escuchen: látigos, estrépito de ruedas, caballos al galope, carros rebotando,

3jinetes al asalto, brillar de espadas, relampagueo de lanzas, multitud de heridos, masas de cadáveres, cadáveres sin fin, se tropieza en cadáveres.

4Por las muchas fornicaciones de la prostituta, tan hermosa y hechicera, que vendía pueblos con sus fornicaciones y tribus con sus hechicerías;

5¡aquí estoy yo contra ti! –oráculo del Señor de los ejércitos–. Te levantaré hasta la cara las faldas, enseñando tu desnudez a los pueblos, tu vergüenza a los reyes.

6Te arrojaré basura encima y te expondré a la pública deshonra.

7Los que te vean se apartarán de ti diciendo: Desolada está Nínive, ¿quién la compadecerá? ¿Dónde encontrar quien la consuele?

8¿Eres tú mejor que No-Amón, señora del Nilo, rodeada de aguas? Su fortaleza era el mar, las aguas su muralla,

9incontables nubios, egipcios sin número, libios y nubios eran sus defensores.

10También ella fue al destierro, marchó prisionera, sus hijos fueron estrellados en las encrucijadas, se rifaron a los nobles y encadenaron a los notables.

11También tú te embriagarás y te esconderás, también tú buscarás asilo lejos del enemigo.

12Tus fortalezas son higueras cargadas de higos maduros, al sacudirlas caen en la boca que las come.

13Mira, tus soldados se han vuelto mujeres frente al enemigo; abiertas están las puertas de tu territorio y el fuego ha consumido los cerrojos.

14Junta agua para el asedio, fortifica las defensas, pisa lodo, aplasta arcilla, métela en el molde:

15que el fuego te consumirá, como devora la langosta, y la espada te aniquilará: aunque te multipliques como la langosta, te multipliques como los saltamontes,

16la langosta muda la piel y vuela; aunque sean tus comerciantes más que las estrellas del cielo,

17tus capitanes como langostas, tus jefes como insectos, posados en la tapia durante el frío, al brillar el sol se marchan sin dejar huella.

18Tus pastores, rey de Asiria, se han dormido y tus capitanes se han tumbado, la tropa está dispersa por los montes y no hay quien la reúna.

19No hay remedio para tu herida, tu herida es insanable. Los que oyen noticias tuyas aplauden, pues, ¿quién no ha experimentado tu perpetua maldad?

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