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Judit 7

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Al día siguiente Holofernes ordenó a su ejército y a las tropas aliadas que levantaran el campamento y avanzaran hacia Betulia, ocuparan los desfiladeros de la montaña y atacaran a los israelitas.

2Aquel mismo día todos los soldados emprendieron el avance. El ejército contaba ciento setenta mil soldados de infantería y doce mil jinetes, –además de los de intendencia–, sin contar los encargados del equipaje y la enorme muchedumbre de a pie mezclada con ellos.

3Formaron en orden de batalla en el valle cercano a Betulia, junto a la fuente, desplegándose a lo ancho en dirección de Dotán, hasta Belmain, y a lo largo desde Betulia hasta Ciamón, frente a Esdrelón.

4Cuando los israelitas vieron aquella multitud, comentaron aterrorizados: –Éstos van a barrer la superficie de la tierra; ni los montes más altos, ni las colinas, ni los barrancos aguantarán tanto peso.

5Cada cual empuñó sus armas, encendieron hogueras en las torres y estuvieron en guardia toda la noche.

6Al segundo día Holofernes desplegó toda la caballería ante los israelitas de Betulia,

7exploró las subidas a la ciudad, inspeccionó los manantiales de agua y los ocupó, dejando allí destacamentos militares. Luego regresó a donde estaba su gente.

8Los mandos moabitas, los oficiales de Esaú y los jefes del litoral fueron a decirle:

9–Si su alteza nos hace caso, el ejército no sufrirá ni un rasguño.

10Esos israelitas no confían en sus armas, sino en la altura de los montes donde viven, porque las cimas de esos montes no son fáciles de escalar.

11Por eso, alteza, no les presentes batalla y no sufrirás ni una baja.

12Quédate en el campamento, reserva a tus soldados y permítenos ocupar el manantial que brota al pie del monte,

13porque de ahí sacan el agua los de Betulia. Así, cuando la sed acabe con ellos, entregarán la ciudad. Nosotros subiremos con nuestros soldados a la cumbre de los montes cercanos y acamparemos allí, para impedir que alguien salga de la ciudad.

14Se consumirán de hambre, con sus mujeres y niños. Antes de que los toque la espada caerán tendidos en las calles de la ciudad,

15y así les harás pagar bien caro su rebeldía, cuando no quisieron salir a tu encuentro en son de paz.

16La propuesta le gustó a Holofernes y a sus ayudantes. Ordenó que aquel plan se llevara a efecto,

17y los amonitas emprendieron la marcha con cinco mil asirios; acamparon en el valle y ocuparon los manantiales y las fuentes de los israelitas.

18Los edomitas y amonitas subieron a la sierra, acamparon frente a Dotán y mandaron destacamentos hacia el sur y al este, frente a Egrebel, cerca de Cus, sobre el torrente Mocmur. El grueso del ejército asirio acampó en la llanura, cubriendo todo el suelo. Sus tiendas de campaña y equipos formaban un campamento de una extensión enorme, porque eran una multitud inmensa.

19Al verse cercados por el enemigo, sin posibilidad de escapar, los israelitas se desanimaron, y gritaron al Señor, su Dios.

20El ejército asirio –infantería, caballería y carros–mantuvo el cerco treinta y cuatro días. Los vecinos de Betulia gastaron el agua de las tinajas;

21los pozos se agotaron, y ya ni un solo día podían beber agua hasta saciarse, porque estaba racionada.

22Los niños estaban sin fuerzas, las mujeres y los jóvenes desfallecían de sed y caían por las calles y junto a las puertas de la ciudad completamente exhaustos.

23Hasta que un buen día todos, jóvenes, mujeres y niños, se amotinaron contra Ozías y los jefes de la ciudad, gritando contra los ancianos:

24–Que Dios sea el juez entre nosotros y ustedes, porque nos han causado un gran mal al no querer negociar la paz con los asirios.

25Ahora ya no hay quien nos ayude. Dios nos ha vendido a los asirios para que sucumbamos ante ellos, muriendo atrozmente de sed.

26Llamen a los asirios y entréguenles la ciudad entera como botín a Holofernes y a todo el ejército.

27Más vale que nos saqueen: seremos sus esclavos, pero salvaremos la vida, y no veremos con nuestros ojos morir a nuestros niños, ni expirar a nuestras mujeres y nuestros hijos.

28Si no lo hacen hoy mismo, invocamos por testigos contra ustedes al cielo y la tierra y a nuestro Dios, Señor de nuestros padres, que nos castiga como merecen nuestros pecados y los de nuestros padres.

29Entonces se levantó de la asamblea un lamento unánime, y gritaron al Señor Dios a grandes voces.

30Ozías les dijo: –Tengan confianza, hermanos. Vamos a resistir otros cinco días, y en ese plazo el Señor, Dios nuestro, se compadecerá de nosotros. ¡Porque no nos va a abandonar hasta el fin!

31Si pasados los cinco días no hemos recibido ayuda, obraré como ustedes dicen.

32Disolvió la reunión, y cada uno regresó a su puesto: los hombres subieron a las murallas y torres de la ciudad, y mandaron a casa a las mujeres y niños. Mientras tanto en la población se propagaba el desánimo.

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