Juan 20
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro.
2Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: –Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
3Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro.
4Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró.
6Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo
7y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte.
8Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
9Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
10Los discípulos se volvieron a casa.
11María estaba afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro
12y ve dos ángeles vestidos de blanco, sentados: uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había estado el cadáver de Jesús.
13Le dicen: –Mujer, ¿por qué lloras? María responde: –Porque se han llevado a mi señor y no sé dónde lo han puesto.
14Al decir esto, se dio media vuelta y ve a Jesús de pie; pero no lo reconoció.
15Jesús le dice: –Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el jardinero, le dice: –Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.
16Jesús le dice: –¡María! Ella se vuelve y le dice en hebreo: –Rabbuni –que significa maestro–.
17Le dice Jesús: –Déjame, que todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre, el Padre de ustedes, a mi Dios, el Dios de ustedes.
18María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: –He visto al Señor y me ha dicho esto.
19Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: –La paz esté con ustedes.
20Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor.
21Jesús repitió: –La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes.
22Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: –Reciban el Espíritu Santo.
23A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos.
24Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25Los otros discípulos le decían: –Hemos visto al Señor. Él replicó: –Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré.
26A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: –La paz esté con ustedes.
27Después dice a Tomás: –Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
28Le contestó Tomás: –Señor mío y Dios mío.
29Le dice Jesús: –Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto.
30Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro.
31Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él.