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Jeremías 7

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Palabras que el Señor dirigió a Jeremías:

2Párate junto a la puerta del templo y proclama allí: Escuchen, judíos, la Palabra del Señor, los que entran por estas puertas a adorar al Señor,

3así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y habitaré con ustedes en este lugar;

4no se hagan ilusiones con razones falsas, repitiendo: el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.

5Si enmiendan sus conducta y sus acciones, si juzgan rectamente los pleitos,

6si no oprimen al emigrante, al huérfano y a la viuda, si no derraman sangre inocente en este lugar, si no siguen a dioses extranjeros, para desgracia de ustedes mismos,

7entonces habitaré con ustedes en este lugar, en la tierra que di a sus padres, desde antiguo y para siempre.

8Se hacen ilusiones con razones falsas, que no sirven:

9¿de modo que roban, matan, cometen adulterio, juran en falso, queman incienso a Baal, siguen a dioses extranjeros y desconocidos,

10y después entran a presentarse ante mí en este templo que lleva mi Nombre, y dicen: Estamos salvados, para seguir cometiendo las mismas maldades?

11¿Creen que este templo que lleva mi Nombre es una cueva de bandidos? Atención, que yo lo he visto –oráculo del Señor–.

12Vayan a mi templo de Siló, al que di mi Nombre en otro tiempo, y miren lo que hice con él, por la maldad de Israel, mi pueblo.

13Y ahora, por haber cometido tales acciones –oráculo del Señor–, porque les hablé sin cesar y no me escucharon, porque los llamé y no me respondieron,

14por eso trataré al templo que lleva mi Nombre, y en el que ustedes confían, y al lugar que di a sus padres y a ustedes, de la misma manera que traté a Siló;

15a ustedes los arrojaré de mi presencia, como arrojé a sus hermanos, a toda la descendencia de Efraín.

16Y tú no intercedas por este pueblo, no supliques a gritos por ellos, no me reces, que no te escucharé.

17¿No ves lo que hacen en los pueblos de Judá y en las calles de Jerusalén?

18Los hijos recogen leña, los padres encienden el fuego, las mujeres preparan la masa para hacer tortas en honor de la reina del cielo, y para irritarme hacen libaciones a dioses extranjeros.

19¿Es a mí a quien irritan –oráculo del Señor– o más bien a sí mismos, para su confusión?

20Por eso así dice el Señor: Miren, mi ira y mi enojo se derraman sobre este lugar, sobre hombres y ganados, sobre el árbol silvestre, sobre el fruto del suelo, y arden sin apagarse.

21Así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Añadan sus holocaustos a sus sacrificios y cómanse la carne;

22porque cuando saqué a sus padres de Egipto no les ordené ni hablé de holocaustos y sacrificios;

23ésta fue la orden que les di: Obedézcanme, y yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; caminen por el camino que les señalo, y les irá bien.

24Pero no escucharon ni prestaron oído, seguían sus planes, la maldad de su corazón endurecido, dándome la espalda y no la cara.

25Desde que sus padres salieron de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos los profetas un día y otro día;

26pero no me escucharon ni prestaron oído, se pusieron tercos y fueron peores que sus padres.

27Ya puedes repetirles este sermón, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán.

28Les dirás: Ésta es la gente que no obedeció al Señor, su Dios, y no quiso escarmentar; la sinceridad se ha perdido, arrancada de su boca.

29Córtate la cabellera y tírala, entona en los montes desolados un lamento: El Señor ha rechazado y expulsado a la generación que provocó su ira;

30porque los judíos hicieron lo que yo repruebo –oráculo del Señor–, pusieron sus ídolos en el templo que lleva mi Nombre, contaminándolo.

31Levantaron altares al Horno, en el valle de Ben-Hinón para quemar a hijos e hijas, cosa que yo no mandé ni se me pasó por la cabeza;

32por eso, miren que llegan días –oráculo del Señor– en que ya no se llamará El Horno ni valle de Ben-Hinón, sino valle de las Ánimas, porque tendrán que enterrar en El Horno por falta de sitio;

33y los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y de las bestias de la tierra, sin que nadie los espante.

34Haré desaparecer en los pueblos de Judá y en las calles de Jerusalén la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz de la novia, porque el país será una ruina.

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