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Jeremías 5

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Recorran las calles de Jerusalén, miren, comprueben, busquen en sus plazas a ver si hay alguien que respete el derecho y practique la sinceridad; y le perdonaré.

2Cuando dicen: ¡Por la vida del Señor!, juran en falso,

3y tus ojos, Señor, buscan la sinceridad. Los heriste y no les dolió, los exterminaste y no escarmentaban; endurecían la cara como roca y se negaban a convertirse.

4Me dije: éstos son gente sencilla e ignorantes, no conocen el camino del Señor, el precepto de su Dios;

5me dirigiré a los jefes para hablarles, porque ellos sí conocen el camino del Señor, el precepto de su Dios. Pero todos juntos rompieron el yugo, hicieron saltar las correas;

6por eso los herirá un león de la selva, un lobo del desierto los despedazará, una pantera acecha sus ciudades y arrebata al que sale, porque son muchas sus culpas y graves sus apostasías.

7Después de todo, ¿podré perdonarte?, tus hijos me abandonaron, juraron por dioses falsos; yo los colmé de bienes, ellos fueron adúlteros, se iban en tropel a los prostíbulos;

8son caballos cebados y fogosos que relinchan cada cual por la mujer del prójimo.

9Y por todo esto, ¿no los castigaré? –oráculo del Señor–. De un pueblo semejante, ¿no me voy a vengar?

10Suban a sus terrazas, destruyan sin aniquilar; arranquen sus sarmientos, ya que no son del Señor;

11porque me han sido infieles Israel y Judá –oráculo del Señor–;

12renegaron del Señor diciendo: No es él, no nos pasará nada, no veremos espada ni hambre.

13Sus profetas son viento, no tienen palabras del Señor,

14por eso así dice el Señor, Dios Todopoderoso: Por haber hablado así, así les sucederá: haré que mi palabra sea fuego en tu boca que consumirá a ese pueblo como leña.

15Israel, yo voy a conducir contra ustedes un pueblo remoto –oráculo del Señor–: un pueblo invencible, un pueblo antiquísimo, un pueblo de lengua incomprensible, no entenderás lo que diga:

16su boca es una tumba abierta y todos son guerreros:

17comerá tus cosechas y tu pan, comerá a tus hijos e hijas, comerá tus vacas y ovejas, comerá tu viña y tu higuera, conquistará a espada las fortalezas en que confías.

18Pero en aquellos días –oráculo del Señor– no los aniquilaré.

19Cuando te pregunten: ¿Por qué nos ha hecho todo esto el Señor, nuestro Dios?, contestarás: Así como ustedes me abandonaron para servir en su propio país a dioses extranjeros, así servirán a dioses extranjeros en tierra extraña.

20Anuncien esto a Jacob, publíquenlo en Judá:

21Escúchalo, pueblo necio y sin juicio, que tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye:

22¿A mí no me respetan, no tiemblan en mi presencia? –oráculo del Señor–. Yo puse la arena como frontera del mar, límite perpetuo que no traspasa; hierve impotente, braman sus olas,

23pero no lo traspasan; en cambio, este pueblo es duro y rebelde de corazón, y se marcha lejos;

24no piensan: Debemos respetar al Señor, nuestro Dios, que envía a su debido tiempo las lluvias tempranas y tardías y observa las semanas justas para nuestra cosecha.

25Sus culpas han trastornado el orden, sus pecados los dejan sin lluvia,

26porque hay en mi pueblo criminales que ponen trampas como cazadores y cavan fosas para cazar hombres:

27sus casas están llenas de engaño como una jaula está llena de pájaros, así es como se hacen poderosos y ricos,

28engordan y prosperan; rebosan de malas palabras, no juzgan según derecho, no defienden la causa del huérfano ni sentencian a favor de los pobres.

29Y por todo esto, ¿no los castigaré? –oráculo del Señor–; de un pueblo semejante, ¿no me voy a vengar?

30Espantos y prácticas idolátricas suceden en el país:

31los profetas profetizan embustes, los sacerdotes dominan por la fuerza, y mi pueblo tan contento. ¿Qué harán ustedes cuando llegue el fin?

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