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Jeremías 3

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Si un hombre repudia a su mujer, ella se separa y se casa con otro, ¿volverá él a ella?, ¿no está esa mujer irremediablemente deshonrada? Y tú, que te has prostituido con muchos amantes, ¿podrás volver a mí? –oráculo del Señor–.

2Levanta la vista a los montes desolados y mira: ¿dónde no has hecho el amor? Como un nómada en el desierto te sentabas en los caminos, a su disposición, y profanaste la tierra con tu prostitución y tu maldad.

3Faltaban los aguaceros, no veían la lluvia, y tú, ramera descarada, no sentías vergüenza.

4Ahora mismo me dices: Tú eres mi padre, mi amigo de juventud;

5pensando: No me va a guardar un rencor eterno, y seguías obrando maldades, tan tranquila.

6Durante el reinado de Josías me dijo el Señor: –¿Has visto lo que ha hecho Israel, la apóstata? Se ha ido por todos los montes altos y se ha prostituido bajo todo árbol frondoso.

7Yo pensé que después de hacer todo esto volvería a mí; pero no volvió. Entonces su hermana, Judá, la infiel,

8vio que a Israel, la apóstata, la había despedido yo por sus infidelidades, dándole el acta de divorcio; con todo, Judá, la infiel, no temió, sino que fue y se prostituyó también ella.

9Y así, con su facilidad para prostituirse, profanó el país, porque cometió adulterio con la piedra y el leño.

10A pesar de todo, su hermana, Judá, la infiel, no volvió a mí de todo corazón, sino de mentiras –oráculo del Señor–.

11El Señor me dijo: –Israel, la apóstata, resulta inocente al lado de Judá, la infiel.

12Ve y proclama este mensaje hacia el norte: Vuelve, Israel, apóstata –oráculo del Señor–, que no te pondré mala cara, porque soy leal y no guardo rencor eterno –oráculo del Señor–.

13Pero reconoce tu culpa, porque te rebelaste contra el Señor, tu Dios: entregaste tu amor a extraños bajo todo árbol frondoso y me desobedeciste –oráculo del Señor–.

14Vuelvan, hijos apóstatas –oráculo del Señor–, que yo soy su dueño: escogeré a uno de cada ciudad, a dos de cada tribu y los traeré a Sión;

15les daré pastores a mi gusto que los apacienten con saber y acierto;

16entonces, cuando crezcan y se multipliquen en el país –oráculo del Señor–, ya no se nombrará el arca de la alianza del Señor, no se la recordará ni mencionará, no se la echará de menos ni se hará otra.

17En aquel tiempo llamarán a Jerusalén Trono del Señor, acudirán a ella todos los paganos, porque Jerusalén llevará el Nombre del Señor y ya no seguirán la maldad de su corazón obstinado.

18En aquellos días Judá irá a reunirse con Israel y juntas vendrán del país del norte a la tierra que di en herencia a sus padres.

19Yo había pensado contarte entre mis hijos, darte una tierra envidiable, la perla de las naciones en herencia, esperando que me llamaras: padre mío, y no te apartaras de mí;

20pero igual que una mujer traiciona a su amante, así me traicionó Israel –oráculo del Señor–.

21Oigan, se escucha en los montes desolados el llanto suplicante de los israelitas, que han extraviado el camino, olvidados del Señor, su Dios.

22Vuelvan, hijos apóstatas, y los sanaré de su apostasía. Aquí estamos, hemos venido a ti, porque tú, Señor, eres nuestro Dios.

23Cierto, son mentira las colinas y las celebraciones de los montes; en el Señor, nuestro Dios, está la salvación de Israel.

24La vergonzosa idolatría devoró los ahorros de nuestros padres desde su juventud: vacas y ovejas, hijos e hijas;

25nos acostamos sobre nuestra vergüenza y nos cubre la humillación, porque pecamos contra el Señor, nuestro Dios, nuestros padres y nosotros, desde la juventud hasta hoy y desobedecimos al Señor, nuestro Dios.

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