Isaías 65
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Yo ofrecía respuesta a los que no preguntaban, salía al encuentro de los que no me buscaban; decía: Aquí estoy, aquí estoy al pueblo que no invocaba mi Nombre.
2Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que andaba por el mal camino, siguiendo sus antojos,
3pueblo que me provocaba en la cara continuamente, que sacrificaba en los jardines y ofrecía incienso sobre los ladrillos,
4que se sentaba en los sepulcros y pernoctaba en las grutas, que comía la carne de cerdo y caldo abominable en las tazas;
5que decía: Retírate, no te acerques, que estoy consagrado. Eso hace humear mi cólera como fuego que arde todo el día.
6Lo tengo escrito delante y no descansaré hasta que les de su merecido por
7sus culpas y las de sus padres, todas juntas –dice el Señor–. Porque ofrecían incienso en las montañas y me ultrajaban en las colinas, les mediré su paga y se la echaré encima.
8Así dice el Señor: Como al encontrar jugo en un racimo se dice: No lo eches a perder, que es una bendición, así haré yo en atención a mis siervos: no lo echaré a perder todo.
9Sacaré descendencia de Jacob, de Judá, quienes posean mis montañas: las poseerán mis elegidos y mis siervos habitarán allí.
10El Sarón será un redil de ovejas, y el Valle de Acor, pastizal de vacas, para mi pueblo que me ha buscado.
11Pero a ustedes que abandonaron al Señor olvidando mi Monte Santo, que preparaban la mesa en honor de la Fortuna y levantaron la copa en honor del Destino,
12yo los destino a la espada, y todos se encorvarán para el degüello: porque llamé y no respondieron, hablé y no escucharon, hicieron lo que no me agrada, eligieron lo que no quiero.
13Por eso, así dice el Señor: Miren: mis siervos comerán, y ustedes pasarán hambre; miren: mis siervos beberán, y ustedes tendrán sed; miren: mis siervos estarán alegres, y ustedes avergonzados;
14miren: mis siervos cantarán de puro contento, y ustedes gritarán de puro dolor y aullarán con el corazón desgarrado.
15Dejarán su nombre a mis elegidos como fórmula de imprecación. A ustedes el Señor les dará muerte, y a sus siervos les dará otro nombre.
16El que quiera felicitarse en el país, se felicitará con el Dios fiel; el que quiera jurar en el país, jurará por el Dios fiel. Sí, se olvidarán las angustias del pasado y hasta de mi vista desaparecerán.
17Miren, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; de lo pasado no quedará recuerdo ni se lo traerá a la memoria,
18más bien gócense y alégrense siempre por lo que voy a crear; miren, voy a transformar a Jerusalén en alegría y a su población en gozo;
19me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos;
20ya no habrá allí niños que mueran al nacer ni adultos que no completen sus años, pues será joven el que muera a los cien años, y el que no los alcance se tendrá por maldito.
21Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos,
22no construirán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque los años de mi pueblo serán los de un árbol y mis elegidos podrán gastar lo que sus manos fabriquen.
23No se fatigarán en vano, no engendrarán hijos para la catástrofe; porque serán la descendencia de los benditos del Señor, y como ellos, sus retoños.
24Antes de que me llamen yo les responderé, aún estarán hablando y los habré escuchado.
25El lobo y el cordero pastarán juntos, el león como el buey comerá paja. No harán daño ni estrago por todo mi Monte Santo –dice el Señor–.