Isaías 59
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Mira, la mano del Señor no se queda corta para salvar ni es duro de oído para oír;
2son las culpas de ustedes las que se interponen entre ustedes y su Dios; son sus pecados los que les ocultan su rostro, e impiden que los oiga;
3pues las manos de ustedes están manchadas de sangre, sus dedos, de crímenes; sus labios dicen mentiras, sus lenguas susurran maldades.
4No hay quien invoque la justicia ni quien vaya a juicio con sinceridad; se apoyan en la mentira, afirman la falsedad, conciben el crimen y dan a luz la maldad.
5Incuban huevos de serpiente y tejen telarañas: quien coma esos huevos morirá; si se rompen, salen víboras.
6Sus telas no sirven para vestidos; son tejidos que no pueden cubrir. Sus obras son obras criminales, sus manos ejecutan la violencia.
7Sus pies corren hacia el mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; sus planes son planes criminales, destrozos y ruinas dejan a su paso.
8No conocen el camino de la paz, no existe el derecho en sus senderos, se abren sendas torcidas; quien las sigue, no conoce la paz.
9Por eso está lejos de nosotros el derecho y no nos alcanza la justicia: esperamos la luz, y vienen tinieblas; claridad, y caminamos a oscuras.
10Como ciegos vamos palpando la pared, andamos a tientas como gente sin vista; en pleno día tropezamos como al anochecer, en pleno vigor estamos como los muertos.
11Gruñimos todos igual que osos y nos quejamos como palomas. Esperamos en el derecho, pero nada; en la salvación, y está lejos de nosotros.
12Porque nuestros crímenes contra ti son muchos, y nuestros pecados nos acusan; tenemos presentes nuestros crímenes y reconocemos nuestras culpas:
13rebelarnos y negar al Señor, volver la espalda a nuestro Dios, hablar de opresión y revuelta, planear por dentro engaños;
14y así se tuerce el derecho y la justicia se queda lejos, porque en la plaza tropieza la honradez, y a la sinceridad no la dejan entrar;
15la lealtad está ausente, y despojan a quien evita el mal. El Señor contempla disgustado que ya no existe la justicia.
16Ve que no hay nadie, se extraña de que nadie intervenga. Entonces su brazo le dio la victoria, y su justicia lo mantuvo:
17por coraza se puso la justicia y por casco la salvación; por traje se vistió la venganza y por manto se envolvió en la indignación.
18A cada uno va a pagar lo que merece: a su enemigo, furia; a su adversario, castigo.
19Los de occidente temerán al Señor, los de oriente respetarán su gloria; porque vendrá como río encajonado, empujado por el soplo del Señor.
20Pero a Sión vendrá un Redentor para alejar los crímenes de Jacob –oráculo del Señor–.
21Por mi parte, dice el Señor, ésta es mi alianza con ellos: el Espíritu mío, que te envié; las Palabras mías, que puse en tu boca, no se caerán de tu boca, ni de la boca de tus hijos, ni de la boca de tus nietos, nunca jamás –lo ha dicho el Señor–.