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Isaías 25

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1Señor, tú eres mi Dios, te ensalzo y te doy gracias, porque realizaste planes admirables, asegurados desde antiguo.

2Convertiste la ciudad en escombros, la plaza fuerte en demolición, el castillo de los bárbaros en ruina que jamás será reedificada.

3Por eso un pueblo poderoso reconoce tu gloria y la capital de los tiranos te respeta:

4porque fuiste refugio del desvalido, refugio del pobre en peligro, reparo del aguacero, sombra contra el calor. Porque el ímpetu de los tiranos es aguacero de invierno,

5es calor de verano el tumulto de los bárbaros; tú aplacas el calor con sombras de nubes y ahogas los cantos de los tiranos.

6El Señor Todopoderoso ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos añejados, manjares deliciosos, vinos generosos.

7Arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones;

8y aniquilará la muerte para siempre. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará de la tierra entera la humillación de su pueblo –lo ha dicho el Señor–.

9Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara: celebremos y festejemos su salvación.

10La mano del Señor se posará en este monte, mientras que Moab será pisoteado en su sitio, como se pisa la paja en el agua del estercolero;

11allí dentro extenderá las manos, como las extiende el nadador al nadar. Pero el Señor aplastará su orgullo y los esfuerzos de sus manos;

12los altos baluartes de sus murallas los doblegará, abatirá y tumbará en el suelo, en el polvo.

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