Ezequiel 33
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Me dirigió la palabra el Señor:
2–Hijo de hombre, habla así a tus compatriotas: Cuando yo envíe la espada contra una población y el vecindario escoja a uno del lugar y lo ponga de centinela;
3si al divisar la espada que avanza contra la población da la alarma al vecindario a toque de trompeta,
4el que oyendo el toque de trompeta no se ponga alerta, será responsable de su propia sangre cuando llegue la espada y lo arrebate.
5Puesto que oyó el toque de trompeta y no se puso alerta, responderá de su propia sangre; si hubiera estado alerta, habría salvado la vida.
6Pero si el centinela divisa la espada que avanza y no toca la trompeta, y el vecindario no se pone alerta, y llega la espada y arrebata a alguno de ellos, éstos mueren por su culpa, pero al centinela le pediré cuenta de la sangre.
7A ti, Hijo de hombre, te he puesto de centinela en la casa de Israel; cuando escuches palabras de mi boca, les darás la alarma de mi parte.
8Si yo digo al malvado: ¡Malvado, eres reo de muerte!, y tú no hablas poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre;
9pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, y él no cambia de conducta, él morirá por su culpa y tú salvarás la vida.
10Y tú, Hijo de hombre, dile a la casa de Israel: Ustedes piensan de este modo: Nuestros crímenes y nuestros pecados pesan sobre nosotros y por ellos nos consumimos, ¿podremos seguir con vida?
11Pues diles: ¡Por mi vida! –oráculo del Señor–, juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. ¡Conviértanse, cambien de conducta, malvados, y no morirán, casa de Israel!
12Y tú, Hijo de hombre, di a tus compatriotas: Al justo no lo salvará su justicia si comete un delito, al malvado no lo condenará su maldad si se convierte de ella. Si el justo peca de nada le valdrá su buen comportamiento anterior.
13Si digo al justo: vivirás, y él, confiado en su justicia, comete un delito, no se tendrá en cuenta su justicia, sino que morirá por el delito que cometió.
14Si digo al malvado: morirás, y él se convierte de su pecado, practica el derecho y la justicia,
15devuelve la prenda, restituye lo robado y sigue los preceptos de vida sin incurrir en delito, entonces vivirá y no morirá,
16no se tendrá en cuenta ningún pecado de los que cometió; por haber practicado el derecho y la justicia vivirá.
17Replicarán tus compatriotas: No es justo el proceder del Señor, cuando son ellos los que no proceden rectamente.
18Si se pervierte el justo de su justicia y comete un delito, por él morirá.
19Si el malvado se convierte de su maldad y practica la justicia y el derecho, por ellos vivirá.
20¿Insisten en decir que no es justo el proceder del Señor? A cada uno lo juzgaré según su conducta.
21El año duodécimo de nuestra deportación, el día cinco del mes décimo, se me presentó un fugitivo de Jerusalén y me dio esta noticia: Han destruido la ciudad.
22La tarde anterior había venido sobre mí la mano del Señor, y permaneció hasta que el fugitivo se me presentó por la mañana; entonces se me abrió la boca y no volví a estar mudo.
23Me dirigió la palabra el Señor:
24–Hijo de hombre, los moradores de aquellas ruinas de la tierra de Israel andan diciendo: Si Abrahán, que era uno solo, se adueñó de la tierra, ¡cuánto más nosotros, que somos muchos, seremos dueños de la tierra!
25Pues diles: Esto dice el Señor: Ustedes, que comen en los montes levantando los ojos a sus ídolos y derraman sangre, ¿van a poseer la tierra?
26Ustedes, que se apoyan en sus espadas, cometen prácticas idolátricas y profanan a la mujer del prójimo, ¿van a poseer la tierra?
27Diles así: Esto dice el Señor: ¡Por mi vida! Les juro que los que estén en las ruinas caerán a espada, a los que estén en descampado los entregaré como pasto a las fieras y los que estén en los fortines y refugios morirán apestados.
28Convertiré el país en desierto desolado y así terminará su terca soberbia. Quedarán desolados los montes de Israel, sin nadie que los transite.
29Sabrán que yo soy el Señor cuando convierta el país en desierto desolado, por todas las prácticas idolátricas que cometieron.
30Y tú, Hijo de hombre, la gente de tu pueblo anda murmurando de ti junto a los muros y a la puerta de las casas, diciéndose uno a otro: Vamos a ver qué palabra nos envía el Señor.
31Acuden a ti en tropel y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no las practican; con la boca dicen elogios, pero su ánimo anda tras el negocio.
32Eres para ellos como un cantante de amor, tienes buena voz y tocas armoniosamente. Escuchan tus palabras, pero no las practican.
33Pero cuando se cumplan, y están a punto de cumplirse, se darán cuenta de que tenían un profeta en medio de ellos.