Eclesiástico (Sirácide) 25
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Hay tres cosas que me gustan, que agradan a Dios y a los hombres: concordia entre hermanos, amistad entre vecinos, mujer y marido que se llevan bien.
2Tres cosas detesta mi alma y su conducta me resulta insoportable: pobre soberbio, rico tacaño y viejo mujeriego e irreflexivo.
3Si en la juventud no has guardado, ¿cómo quieres encontrar en la vejez?
4¡Qué bien sienta a las canas el juicio y a los ancianos saber aconsejar!
5¡Qué bien sienta a los ancianos la sabiduría, el consejo justo a hombres venerables!
6La experiencia es corona de los ancianos, y su orgullo es el temor del Señor.
7Mi corazón guarda nueve bienaventuranzas y mi boca proclamará la décima: Dichoso el que se alegra con sus hijos, el que no tiene que servir a un inferior;
8dichoso el marido de mujer sensata, el que no tiene que arar con buey y asno; dichoso el que vive para ver la derrota de sus rivales, y el que no resbala con la lengua;
9dichoso el que encuentra un amigo, y el que no habla a oídos sordos;
10qué grande es quien alcanza sabiduría, pero nadie como quien respeta al Señor;
11el respeto del Señor lo supera todo, el que lo posee es incomparable.
12Ninguna herida como la del corazón, ninguna maldad como la de la mujer,
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14ninguna pelea como la de las adversarias, ninguna venganza como la de las rivales;
15no hay veneno como el de la serpiente ni hay enojo como el de la mujer;
16más vale vivir con un león y un dragón que vivir con mujer pleitera.
17La mujer que se enoja deforma su aspecto y pone cara terrible como de osa;
18cuando su marido se sienta con los compañeros, suspira amargamente sin poderse sostener.
19Cualquier maldad es pequeña junto a la de la mujer; ¡caiga sobre ella la suerte del pecador!; 20 cuesta arenosa para pies ancianos es mujer charlatana para marido paciente. 21 No tropieces por la belleza de una mujer ni te dejes cazar por sus riquezas: 22 es una infamia y una vergüenza que la mujer mantenga al marido. 23 Corazón abatido, rostro sombrío, pena del alma es la mujer malvada; brazos débiles, rodillas vacilantes, cuando la mujer no hace feliz al marido. 24 Por una mujer comenzó la culpa, y por ella morimos todos. 25 No abras las compuertas al agua ni des confianza a mujer malvada; 26 y si no quiere someterse a ti, córtala de tu propia carne.